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martes, 29 de junio de 2010

La demonización de la tecnología

Parece una constante muy humana el delimitar bandos. Los buenos y los malos, los lindos y los feos, los amigos y los enemigos, los cultos y los ignorantes, los pobres y los ricos, etc. “santificando” a unos, los del propio bando obviamente, y “demonizando” a los otros, a aquellos diferentes o que son simplemente incomprensibles para ellos. Tal fue el caso de la persecución de las brujas en el siglo XVII y tal es la incomprensión de los medios tecnológicos en nuestro tiempo por parte de algunos.

La tecnología en nuestros días y su desarrollo, aunque esto no es algo nuevo, encuentra personas a favor y en contra. A aquellos para los que la tecnología es un medio para facilitar la vida del hombre y aquellos para los que la tecnología no solo no favorece nada sino que, al contrario, entorpece la vida del hombre esclavizándolo y aislándolo de los demás y del mundo, siendo esto la causa de muchos de los problemas actuales.

Antes que nada debemos distinguir algunas cuestiones para mejor comprender el asunto. La tecnología no tiene entidad propia, no es un ser, una persona que puede ser buena o mala. Por lo tanto decir que la tecnología es “mala” per se sería completamente incorrecto. La tecnología como tal es simplemente un medio y nada más. Como medio o instrumento es creado por el hombre en vistas a un fin. El fin de la tecnología no es otro que el bienestar y el progreso de la humanidad.

El problema surge cuando el medio se convierte en fin. La tecnología, al igual que el conocimiento y la ciencia son neutros. Pueden hacer tanto bien como mal, dependiendo del fin al que se apunte con dichos medios. Ahora, ¿existe tecnología, conocimiento y ciencia neutra? La respuesta es no. Pero esto no hace que la tecnología sea intrínsecamente “mala” sino que deberíamos hablar de un “mal” uso de la tecnología, del conocimiento y de la ciencia. Un ejemplo clásico de esto puede ser el tema de la física nuclear. El conocimiento y la tecnología generada en torno a esta teoría atómica puede ser “utilizada” tanto para la producción de energía “limpia” que beneficie al hombre y al medioambiente, como para la construcción de una bomba atómica que destruya ciudades y bosques, aniquilando personas y animales y contaminado el lugar por cientos de años.

También es cierto que como seres humanos tenemos cierta predisposición a los excesos. Y es aquí cuando surgen los problemas. La tecnología bien utilizada puede ser muy beneficiosa para la humanidad. Nos puede ayudar a comunicarnos más rápidamente y a interactuar con otros, a cultivar mejores cosechas, más resistentes, que puedan alimentar a un gran número de personas, a curar enfermedades que hasta hace un tiempo eran mortales, a acortar distancias, a cuidar nuestro ecosistema, etc. Pero también la tecnología puede, bajo el estandarte de...

domingo, 20 de junio de 2010

Averroes, “el comentador” (1126-1198)

Averroes o Abū l-Walīd Muhammad ibn Ahmad ibn Muhammad ibn Rushd por su nombre árabe completo, nació en Córdoba, Andalucía, en el año 1126 y murió en Marrakech en el año de 1198 a la edad de 72 años.

Para Averroes la filosofía de Aristóteles era la filosofía misma. Según este pensador, Avicena y Al Farabi, otros dos grandes filósofos árabes, habían trastornado la filosofía aristotélica mezclándola con doctrinas religiosas. A su vez se enfrentó con Al Gazali, y filósofo místico de origen persa, que despreciaba a la filosofía como enemiga de la religión, algo que luego se daría también en el cristianismo y que terminaría con la separación indeclinable de la fe y la razón, teniendo como resultado el surgimiento de la filosofía moderna.

Los hombres, según Averroes, se pueden dividir en tres grupos o clases, a saber, la gran mayoría del pueblo que vive por la imaginación más que por la razón; los teólogos, que tienen las mismas creencias que la mayoría del pueblo; y finalmente, un pequeño grupo de filósofos que perciben lo central de la verdad que contienen las fantasías de los hombres de fe y las probabilidades dialécticas de los teólogos. Por lo tanto, los dos primeros grupos, es decir, el pueblo y los teólogos, contienen verdades filosóficas adaptadas a las mentes inferiores incapaces de percibir la verdad por sus propios medios.

Con respecto a la demostración de la existencia de Dios, Averroes va a decir, al igual que Aristóteles, que es posible probarla por medio del análisis del movimiento. El razonamiento sería el siguiente. Hay seres que se mueven y pasan de la potencia al acto. Luego, lo que se mueve es movido por otro que está en acto. Ahora bien, es imposible pensar una infinidad de motores, de allí que tenga que existir una causa primera del movimiento, un primer motor que...

viernes, 11 de junio de 2010

Avicena, filósofo árabe medieval (980-1037)

Avicena o Abū ‘Alī al-Husayn ibn ‘Abd Allāh ibn Sīnā, fue un reconocido médico y uno de los filósofos árabes más importantes de la Edad Media. Nació en Persia, más precisamente en el actual Uzbekistán,  en el año 980 y falleció a los 57 años de edad en 1037. Sus principales influencias fueron: Aristóteles, los neoplatónicos y otros árabes como Al Kindi y Al Farabi.

Según Avicena lo primero que concibe nuestro intelecto es que algo es, en otras palabras, la noción de ser (ens). Ahora bien, además de la noción de ser están las nociones de cosa (res) y necesidad (necesse). La cosa o res es un objeto cualquiera del que puede enunciarse alguna verdad, tiene esencia o quididad por lo cual es lo que es. Avicena denomina a la esencia de cada cosa su “certidumbre”, en otras palabras, la esencia es lo verdadero de la cosa. Con respecto a la necesidad, esta es el extremo opuesto de la posibilidad. Todo ser implica necesidad porque por su esencia es necesariamente lo que es no pudiendo ser otra cosa distinta de eso que verdaderamente es.

La metafísica es para Avicena la ciencia primaria, justamente por su objeto primario. ¿Cuál es entonces este objeto? El objeto de la metafísica no es otro que el Ser mismo. Por lo tanto la metafísica estudiará las propiedades del ser, sus divisiones (sustancia y accidente), la prueba de la existencia de Dios y por qué su fin es conocer a Dios. De este fin es que Avicena denomina también a la metafísica como “Ciencia divina”.

Para probar la existencia de Dios Avicena dirige sus pensamientos de la siguiente manera: todo lo que comienza, dice, necesita tener una causa de tal ser. De esta manera damos con una serie de causas o con una cadena de causalidades. Pero la serie no puede ser infinita por lo que tiene que haber una causa primera que sea origen de las demás. Esta primera causa no se puede corresponder con un ser posible sino con un ser necesario que no reciba su existencia de otra causa superior que ella misma. Por lo tanto esta primera causa incausada es Dios.

Un aspecto importante de la teoría aviceniana de la creación fue la distinción, tomada de Al Farabi, en las creaturas entre su esencia y su existencia. La existencia no está contenida en cosas sino que es un accidente de ellas. Dicho de otra manera, podemos concebir ...
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