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viernes, 28 de enero de 2011

David Hume, el escéptico (1711-1776)

Filósofo escocés, nacido en Edimburgo en 1711 y fallecido en el mismo lugar en 1776. Entre sus obras más importantes podemos nombrar: Tratado de la naturaleza humana; Ensayos morales, políticos y literarios; y De la superstición y la religión.

En Hume existía una profunda desconfianza hacia lo religioso considerándolo como algo sin fundamento, supersticioso. Según él la religión era la raíz de gran parte de los males que aquejan al género humano.

En cuanto al conocimiento, lo encontraremos dentro de la línea empirista, es decir que, para él el conocimiento encuentra su fundamento y fuente en la experiencia. Fruto de la experiencia el hombre obtiene impresiones, es decir, sensaciones o sentimientos (impresiones externas e internas); y a partir de estas, ideas o copias de las impresiones en la imaginación. Todas las ideas, dirá este filósofo, pueden ser rastreadas hasta su fuente primera, las impresiones sensibles simples. De esta manera niega categóricamente la posibilidad de ideas innatas e ideas abstractas, en otras palabras, aquellas ideas que no tienen como fuente la experiencia sensible.

Continuando con el problema de la incomunicabilidad de las sustancias planteada por Descartes, Hume dirá que la idea de sustancia no se justifica ya que no existe ninguna impresión sensible que la fundamente. Por lo tanto tira por la borda las ideas de sustancia pensante y la de sustancia corporal que había planteado el filósofo francés.

Otra cuestión clave para el problema del conocimiento serán las conexiones que se puedan establecer entre las ideas. Será justamente la validez de estas conexiones lo que Hume pondrá en tela de juicio. Las impresiones son como compartimentos independientes unos de otros, dando por supuestas las relaciones entre dichos compartimentos para alcanzar algunas certezas. Estas relaciones estarán o deberían estar determinadas por la matemática y la aritmética.

Al cuestionar las relaciones o conexiones entre las distintas impresiones e ideas, Hume cuestionará también la relación causa-efecto y, como consecuencia de esto, las generalizaciones empíricas. La cuestión fundamental en la relación de causa-efecto es la conexión necesaria entre una y otra. Dado un efecto determinado debe existir necesariamente...

jueves, 20 de enero de 2011

John Locke y George Berkeley

John Locke, pensador inglés nacido en Wrintong en 1632 y fallecido en Oates en 1704. Estudió medicina y lo que hoy llamaríamos pedagogía, destacándose por sus reflexiones filosóficas dentro de la línea del empirismo. Entre sus obras más importantes podemos nombrar: Ensayos sobre el gobierno civil; Ensayo sobre el entendimiento humano; y Ensayo sobre la tolerancia, entre otros.

Luego de Descartes quedaron abiertas dos vías de reflexión, el racionalismo y el empirismo, compartiendo ambas corrientes algunos puntos en común heredados del pensamiento cartesiano. Para Locke el método de la ciencia física ha de ser aplicado tanto a la filosofía como a la moral y a la religión. Según este autor solo tenemos conocimiento de la identidad, de la diversidad y de las relaciones entre ideas. Valga la aclaración, las ideas son cualquier objeto del pensar.

De esta forma tenemos tres clases o tipos de conocimiento del mundo real, a saber, conocimiento de nuestra propia existencia, conocimiento de la existencia de Dios, y por último, conocimiento sensitivo. El conocimiento sensitivo es aquello que se percibe como fenómeno, no la cosa en sí. De allí la imposibilidad de una verdadera ciencia de la naturaleza porque el mundo, las cosas en sí, se torna inaccesible para el entendimiento humano.

Con respecto a la política, Locke dirá que el Estado moderno tiene la función de preservar la vida, la libertad y los bienes de los hombres. Funciones las tres conservadas aun hoy por nuestros Estados, a saber, seguridad, libertad y propiedad. Este pensador propuso como forma de gobierno la monarquía constitucional, es decir, el poder unipersonal enmarcado y regulado por una constitución o carta de derechos y obligaciones. Al igual que Hobbes, en el periodo anterior a la conformación del Estado existe...

miércoles, 12 de enero de 2011

Juguemos a filosofar y filosofemos jugando

El Juego de filosofar
Hace algunas semanas que me viene dando vueltas la relación entre juego y filosofía que motivó el nombre de este espacio de  reflexión. Fruto de estos pensamientos es este post.

Comencemos primero por determinar que entendemos por filosofía para luego poder entender la relación que podríamos establecer entre ella y el juego.

Antes que nada la filosofía, clásicamente considerada, es un tipo de conocimiento diferente del científico que busca dar respuesta a las preguntas por las causas últimas de todo lo que existe, mientras que la ciencia busca comprender y explicar las causas inmediatas de los fenómenos que observa. Según Aristóteles, la filosofía es la ciencia de los primeros principios en el orden del ser y últimos en el orden del conocer.  El término filosofía encuentra su origen en Grecia y significa, por un lado, amor, “filo”, y por el otro, sabiduría, “sofía”. Entendiendo esta sabiduría tanto como un conocimiento teórico a la vez que práctico.

Fundamentalmente la filosofía es búsqueda. Busca entender para poder explicar, pregunta, indaga e interpela sobre el mundo, sobre la realidad, sobre los otros. Una vez determinado que entendemos por filosofía podemos comenzar a esbozar la relación existente entre esta y el juego.

El juego es una actividad mediante la cual el hombre se relaciona con sí mismo, con los otros y con el mundo. Por medio del juego el ser humano, al igual que algunos animales, conoce, imagina, prueba posibilidades, ejerciendo tanto facultades mentales como capacidades físicas y ayudando al desarrollo personal de estas facultades y capacidades. Por medio del juego los niños crecen y conocen la realidad en la que se encuentran relacionándose con el mundo y con los otros. A través del juego aprendemos las primeras letras y números, experimentamos con los roles sociales que ocuparemos en la vida adulta desarrollando nuestras destrezas sociales.

El juego implica además libertad, creatividad e imaginación, espontaneidad y desinterés a la vez que reglas. El juego tiene como fin el disfrute siendo el aprendizaje una consecuencia secundaria de dicha actividad. Con respecto a las reglas digamos que, si bien es posible el juego individual o solitario, es indudable la riqueza y superioreidad del juego grupal en contraposición al solitario. Y si hablamos de grupo...

lunes, 3 de enero de 2011

Thomas Hobbes (1588-1679) Padre de la filosofía política moderna


 Filósofo inglés nacido el 5 de abril de 1588 en la ciudad de Malmesbury y fallecido el 4 de diciembre de 1679 en Hardwick Hall, Inglaterra. Se lo ha rotulado a Hobbes dentro de las corrientes del empirismo, el mecanicismo y el materialismo. Entre sus obras podemos nombrar: Tratado sobre el ciudadano; Tratado sobre el hombre; Tratado sobre los cuerpos; Elementos de derecho natural y político; Libertad y necesidad; Behemoth. Pero su obra más importante, que marcaría el inicio de la filosofía política moderna, fue Leviatán o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil.

A Hobbes le tocó vivir una época bastante particular de la historia europea y más precisamente de la historia inglesa. Entre los años 1640 y 1660 se produjo la denominada revolución inglesa, un importante antecedente histórico para la revolución francesa, en la que se enjuició, destituyó y ejecutó al jefe de la monarquía inglesa, el rey Carlos I, constituyéndose la primera república moderna o Commonwealth.  

En el continente se estaban produciendo muchos cambios, sobre todo en lo referente a la ciencia. El pensamiento de Hobbes se fue nutriendo de las personalidades de la época, algunas de las cuales llegó a conocer. Pensemos, por ejemplo, en Descartes, Bacon, Kepler, Grocio, Locke, Boyle y Huygens, por solo nombrar algunos.

La filosofía para este pensador será la doctrina de los cuerpos y sus movimientos, y se dividirá de la siguiente manera: La doctrina de los cuerpos naturales, que el autor trató particularmente en su obra Tratado sobre los cuerpos; la doctrina de los cuerpos humanos, tratada en la obra Tratado sobre el hombre; y la doctrina de los cuerpos sociales, expuesta en la obra Tratado sobre el ciudadano.

El problema capital de la filosofía será entonces para este pensador la política. Dicho de otra manera, constituir de una sociedad operante, y evitar la guerra de todos contra todos. Para esto va a formular una teoría de los cuerpos entre los cuales encontramos, en primer lugar, los cuerpos naturales, objeto de la filosofía natural; y en segundo lugar, los cuerpos sociales, objeto de la filosofía civil o política. La filosofía civil deberá dar respuesta a dos cuestiones fundamentales de la filosofía, a saber, la cuestión ética, es decir, lo referente a los hombres en sus disposiciones y afecciones; y la cuestión política, en otras palabras, los elementos constituyentes de los cuerpos sociales.

Los elementos constituyentes de los cuerpos sociales no son otros que los hombres. El hombre, o más precisamente la doctrina de los cuerpos humanos será el fundamento de la doctrina de los cuerpos sociales y de todo posterior análisis del Estado. Es por esto que Hobbes se verá en la tarea de reflexionar sobre el hombre, materia constitutiva del Leviatán.

Los hombres, por el simple hecho de ser tales, según este autor, tienen todos las mismas capacidades, las mismas esperanzas y desean conseguir los fines que desean. Ahora bien, el hombre es un ser naturalmente anti-social. Los otros son un obstáculo para la concreción de los deseos propios, por dos razones: porque los bienes naturales son escasos, y porque , al ser el hombre un ser deseante, sus deseos no tiene culminación. Por lo tanto...
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