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miércoles, 12 de enero de 2011

Juguemos a filosofar y filosofemos jugando

El Juego de filosofar
Hace algunas semanas que me viene dando vueltas la relación entre juego y filosofía que motivó el nombre de este espacio de  reflexión. Fruto de estos pensamientos es este post.

Comencemos primero por determinar que entendemos por filosofía para luego poder entender la relación que podríamos establecer entre ella y el juego.

Antes que nada la filosofía, clásicamente considerada, es un tipo de conocimiento diferente del científico que busca dar respuesta a las preguntas por las causas últimas de todo lo que existe, mientras que la ciencia busca comprender y explicar las causas inmediatas de los fenómenos que observa. Según Aristóteles, la filosofía es la ciencia de los primeros principios en el orden del ser y últimos en el orden del conocer.  El término filosofía encuentra su origen en Grecia y significa, por un lado, amor, “filo”, y por el otro, sabiduría, “sofía”. Entendiendo esta sabiduría tanto como un conocimiento teórico a la vez que práctico.

Fundamentalmente la filosofía es búsqueda. Busca entender para poder explicar, pregunta, indaga e interpela sobre el mundo, sobre la realidad, sobre los otros. Una vez determinado que entendemos por filosofía podemos comenzar a esbozar la relación existente entre esta y el juego.

El juego es una actividad mediante la cual el hombre se relaciona con sí mismo, con los otros y con el mundo. Por medio del juego el ser humano, al igual que algunos animales, conoce, imagina, prueba posibilidades, ejerciendo tanto facultades mentales como capacidades físicas y ayudando al desarrollo personal de estas facultades y capacidades. Por medio del juego los niños crecen y conocen la realidad en la que se encuentran relacionándose con el mundo y con los otros. A través del juego aprendemos las primeras letras y números, experimentamos con los roles sociales que ocuparemos en la vida adulta desarrollando nuestras destrezas sociales.

El juego implica además libertad, creatividad e imaginación, espontaneidad y desinterés a la vez que reglas. El juego tiene como fin el disfrute siendo el aprendizaje una consecuencia secundaria de dicha actividad. Con respecto a las reglas digamos que, si bien es posible el juego individual o solitario, es indudable la riqueza y superioreidad del juego grupal en contraposición al solitario. Y si hablamos de grupo...
...decimos relaciones y convenciones. En todo juego grupal existen reglas determinadas por los mismos jugadores para sacarle el mayor provecho posible al juego. De esta manera obtenemos otra consecuencia secundaria del juego, a saber, la relación regulada con los demás.

Ahora bien, ¿Qué relación tiene esto con la filosofía? Pues bien, al ser el juego un elemento fundamental en la búsqueda de la verdad y del conocimiento del mundo y de los otros, ¿por qué no utilizarla en la filosofía y comenzar a usarla como categoría de conocimiento? ¿Acaso no jugamos en la filosofía? ¿No utilizamos nociones y jugamos con ellas para tratar de comprendernos a nosotros mismos, a los otros, y a la realidad que se nos presenta como un gran rompecabezas a ser descifrado?

Es interesante ver que la libertad, la creatividad y la imaginación, la espontaneidad y el desinterés, como así también las reglas o el método, son elementos fundamentales e innegables de la filosofía, o al menos así debería ser. La filosofía nos invita, por medio del juego, a descubrir sus posibilidades, a descifrar la realidad siendo conscientes de nuestra condición de buscadores, de niños en relación a la sabiduría de la que hablaban los antiguos, de aprendices y exploradores. Al igual que en el juego el único fin de la filosofía es ella misma. Su finalidad es el saber por el saber mismo así como para el juego es el disfrute.

He aquí otro punto de contacto entre juego y filosofía. La actividad lúdica produce placer, es divertida en sí misma, sino no es juego. La filosofía, en su búsqueda, también produce placer. El placer de encontrar algunas respuestas, o esbozos de respuesta a cuestiones que aun intrigan a la humanidad. Placer al entender la lógica de algunas cuestiones complicadas planteadas por otras personas que a lo largo de la historia se animaron a jugar con las ideas y a escribir lo que pensaban.

Cuando abrí este espacio de juego y reflexión, hace ya casi un año, escribí:
…en el principio... hay nada y todo se encuentra como pura posibilidad. En el final ya estará todo acabado, y lo interesante del juego es justamente jugar. Es por esto que lo importante no lo encontraremos ni en el principio ni en el final sino en el desafío del proceso.

El fin último, si lo hay, ha de ser el de jugar. Jugar con las ideas y animarse a pensar siendo creativos, espontáneos, y sobre todo libres. Lo demás, conocimiento, relaciones, convenciones, etc., se producirán e irán construyéndose sobre la marcha como resultados del mismo juego. Pero no olvidemos lo más importante que tiene el juego, a saber, el disfrute. Se puede jugar en filosofía siendo serio a la vez que disfrutando y conociendo. Animémonos a pensar. Juguemos a filosofar y filosofemos jugando.


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