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miércoles, 26 de octubre de 2011

¿Somos verdaderamente libres?




Toda nuestra vida contemporánea se fundamenta, supuestamente, en un solo principio, a saber, la libertad. ¿Qué es la libertad? ¿Es algo natural o construido por el hombre? ¿Es un derecho? ¿Es un derecho adquirido o es necesario luchar para alcanzarlo y conservarlo? Vamos por parte.

En primer lugar, la libertad es algo casi imposible de definir. Podríamos ensayar una definición afirmando que la libertad es una disposición del hombre a ejercer esa capacidad que posee de elegir independientemente de ciertos factores. Quiero decir con esto que el hombre puede elegir entre dos o más opciones sin ningún condicionante, interno y/o externo, y más allá de que sepa que aquello que está eligiendo no es algo aceptado por la mayoría. En otras palabras, la libertad posibilita al hombre el ir contra la corriente, contra el orden natural establecido como así también contra el orden social establecido. Otro capítulo aparte son las consecuencias del ejercicio de la libertad.

La libertad en contraposición al destino ha sido el gran tema de reflexión de los griegos expresado en el pesimismo de sus “tragedias”. Pensemos en los grandes héroes que luchan contra un destino aplastante sin lograr escapar definitivamente de sus garras. Héroes que desafían el destino tratando de engañarlo de todas las maneras posibles y sin embargo al final ese destino temido termina haciéndose realidad. De allí el nombre de “tragedias”. La tragedia radica justamente en la lucha infructuosa del hombre contra su propio destino. Para los antiguos griegos no había libertad sino una especie de ilusión de libertad. Todos los caminos terminaban conduciendo a un mismo lugar. Pero el hombre puede romper con la libertad la relación necesaria y natural de causa y efecto.

Con la irrupción del judeo-cristianismo en la historia de la humanidad cambia la manera de comprender al mundo, a la historia, al hombre y a la mismísima libertad. Según el Génesis, primer libro de la Biblia, el hombre fue creado por Dios a su imagen y semejanza. Este parecido con el creador radica en su ser racional, dotado de inteligencia y voluntad, y en su libertad. Hasta tal punto el hombre es libre que, continuando con el relato bíblico, poco después de haber sido creado el hombre elige desobedecer a Dios, elige darle la espalda a aquel de quien depende su existencia. Esta manera de comprender la libertad es casi, por no decir totalmente, radical. El hombre puede elegir cualquier cosa, es absolutamente libre. Puede elegir su propio camino a pesar de que esto atente contra sí mismo. He aquí lo maravilloso de esta manera de comprender la libertad.

Sin entrar en demasiados detalles diremos que clásicamente se ha entendido la libertad como aquella facultad que posee el hombre fundamentada en la voluntad e iluminada o guiada por la inteligencia. La inteligencia orientaría a la voluntad a elegir lo que entiende que es bueno para el hombre. Ahora bien, la inteligencia...
...le puede enseñar algo a la voluntad que no es bueno y allí es cuando se origina el error. Nadie elige algo que es malo a priori sino que todo lo que el hombre elige lo hace así porque considera que es bueno para él. De otra manera no lo elegiría. El hombre tiende a elegir siempre lo que considera bueno.

Claro está que esto es una espada de doble filo ya que es una bendición a la vez que una maldición. Pensemos, por ejemplo, en la famosa sentencia de Sartre, “estamos condenados a ser libres”. Somos libres para elegir y para jugar el juego de la vida, pero no hemos sido libres para crearnos y crear ese juego. Somos libres pero con ciertas reglas que limitan esa libertad, reglas que castigan ciertas consecuencias de nuestros actos. Reglas que son necesarias para poder vivir con otros.

En la edad media cristiana estas reglas son las dictadas por el mismísimo creador quien, a través de los diez mandamientos y demás enseñanzas de las sagradas escrituras, determina que está bien y que está mal, es decir, que actos son considerados correctos en vistas a la salvación del individuo y la comunidad, y cuales son vistos como moralmente malos en orden a la condenación. De allí que no se hable de libertad sino de libre arbitrio.

El libre arbitrio no es otra cosa que la libertad de cumplir con la voluntad de Dios. Dicho con otras palabras, aquel que no obre de acuerdo a la voluntad de Dios deja de ser libre en el mismísimo momento en que libremente elige no obedecerle. Es por esto que, según este pensamiento, luego más desarrollado por el protestantismo, el hombre pierde la libertad con el pecado original que consistió justamente en desobedecer la voluntad de Dios al querer ser como él.

Todo esto cambia luego de la modernidad cuando Dios es eliminado de la ecuación y el hombre se encuentra solo consigo mismo. Cuando no hay nadie que determine lo que es bueno o malo. El ser humano deberá ejercer esta libertad que posee de la mejor manera que le parezca. Las consecuencias de esto sería la pura anarquía, y así lo entendieron Grocio y Hobbes entre otros, expresado en sus nociones de estado de naturaleza y de guerra de todos contra todos. De Hobbes es la famosa frase Homo homini lupus (el hombre lobo del hombre). Si todos pueden hacer lo que quieran todos pueden todo hasta el punto de eliminar a los otros para conseguir lo que quieren. Una forma de superar este estado de cosas es la creación de los Estados y la producción de leyes que ordenen en primer lugar, regulen en segundo lugar, y castiguen en tercer lugar, las acciones de los hombres.

Los Estados se construirán a partir de un delicado equilibrio entre la ley y la libertad, entre la obligación y el derecho. En cualquier Estado moderno y actual, no olvidemos que somos herederos de la modernidad, es imprescindible la existencia de ambas, ley y libertad. Una no es sin la otra y a mi entender primero es la libertad y luego la ley. Desde esta perspectiva la libertad es algo interno del hombre, es autonomía, mientras que la ley es algo externo, es heteronomía. La ley está para posibilitar y regular a la libertad y para castigar sus excesos, es decir, aquellos actos que afecten la libertad de los otros.

La libertad, entonces, independientemente de si es algo natural o no, se convierte en un derecho por el cual pelean los hombres. Pensemos en todas las revueltas, manifestaciones, marchas y guerras que se han dado en torno a este principio, la libertad, en los últimos doscientos años. Sin ir tan lejos pensemos en los actuales reclamos de las minorías. Ahora bien, si hay que luchar para adquirir el derecho, hay que luchar para conservarlo.

Este rápido recorrido en torno a la libertad me hace cuestionar sobre como la comprendemos y la valoramos hoy. La libertad hoy, ¿consiste acaso, en ser esclavos de nosotros mismos, de las modas y de los ideales de belleza o de un sistema de consumo, o una visión de tiempo acelerado, o de un deseo continuamente insatisfecho a propósito? Evidentemente eso no es libertad. De allí que me pregunte ¿Es algo real o simplemente un espejismo? Y la respuesta casi sería que es un espejismo, al menos para la mayoría entre los que me ubico. Vivimos tan obnubilados por la ilusión, es decir, la moda, de cualquier tipo, la aceleración y el consumo, que habría que pensar hasta qué punto somos realmente libres.  Fuimos libres para elegir este estilo de vida, esta manera de comprender el mundo, pero ¿seguimos siendo libres después de esa elección? 


7 comentarios:

Raquel dijo...

Buena entrada. Sin embargo, me parece que hay que dar un paso más después del recorrido histórico y examinar en serio qué es la libertad.

Mabel dijo...

Muy buena entrada, ahora me parece que en todas las épocas los hombres han sido esclavos, del destino, del temor a Dios, del temor del "otro" más fuerte que yo, no sólo en el hoy somos esclavos, ahora tomemos con cuidado la palabra esclavo, por que si bien creo que hay opciones no me parece suficiente para hablar de Libertad, y ésto porque todavía no se lo que es la libertad, ¿ si existe? ¿si es absoluta o relativa?...Tema interesante para seguir aportando. Como siempre te felicito por este espacio

La eternidad no existe dijo...

Yo quiero más derechos que libertades. Estamos perdiendo las dos cosas, y al final no tendremos casi nada. Regresión.

Marcos Lencinas dijo...

dejen de criticar este articulo que lo escribió Arrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrmando, mi profe de filosofía jajajjaja

Armando dijo...

Marcos, desde la crítica se construye el conocimiento. Debatiendo las ideas podemos comprender mejor. Entonces, ¿Qué te pareció el artículo? ¿Qué crítica podrías hacerle? Saludos.

Anónimo dijo...

LA LIBERTAD EMPIEZA EN LA CONCIENCIA!
NO PUEDE EXISTIR UNA SOCIEDAD LIBRE SI ESTA ESTA BASADA EN SISTEMA MONETARIO Y RELIGIOSIDAD.
EN MI OBRA -LIBÉRATE- EXPLICO PORQUÉ ES TAN IMPORTANTE DESHACERSE DE ESTOS CONCEPTOS ESCLAVIZADORES Y MANIPULADORES.
vamosacambiarelmundo.org/wp-content/uploads//2012/.../LIBERATE2pdf

Armando dijo...

Está bien, puede ser una postura, aunque es innegable que la libertad, como valor social y civil, ha surgido y se ha nutrido en nuestras sociedades occidentales traspasadas por la economía y la religiosidad, independientemente de la creencia que se tenga, como principio teórico y práctico. A mi entender la construcción de una sociedad mejor no puede partir de la destrucción de la anterior sino de la reforma de la existente. Pero es una opinión. En fin, gracias por tu aporte. Saludos.

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