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domingo, 13 de noviembre de 2011

Reflexiones desveladas sobre la libertad

Es curioso como el entorno nos va llevando de alguna forma a ciertas situaciones que no necesariamente son perjudiciales para nosotros mismos, pero que influyen en nuestra identidad personal y en nuestra manera de comprender  y relacionarnos con el mundo. Quiero decir esto en el buen sentido, es decir, no en el de condicionamiento o influencia negativa, sino simplemente en el sentido de motivación o, porque no también, estímulo y hasta exigencia. Las situaciones y los otros nos interpelan continuamente demandando algo de nosotros. No es lo mismo vivir en la comodidad de lo "seguro" y "estable", que en la incertidumbre de lo fugaz e inestable. Sírvanos para pensar sobre esto Darwin. Para este pensador, el medio ambiente obliga o fuerza, en alguna medida, a las diferentes especies que habitan nuestro planeta para evolucionar. La evolución entonces es una respuesta a una pregunta externa con respecto a la especie que evoluciona.

Pregunto entonces, ¿cuántas cosas que hacemos,  las hacemos en realidad como respuesta a una exigencia que nos viene de fuera? La respuesta es casi instantánea, muchísimas. ¿Esto es malo? No necesariamente, ya que a través de estas inquietudes vamos cambiando y mejorando. Por ejemplo, podríamos pensar que este espacio de reflexión surgió no por una inquietud interna del que escribe sino por una "necesidad" de estar a la altura de los tiempos. Ensayar una respuesta simple a la cuestión de si fue motivación interna o externa sería reducir en extremo la cuestión. Digamos simplemente que a la hora de tomar decisiones intervienen varios factores, no solo los internos, sino también los externos, como por ejemplo la competencia, y asociados a ella, la actualización, la moda, la aceleración del tiempo contemporáneo, etc.

Es posible decir mucho en torno a la cuestión de la libertad. Pero no es mi intención aquí ponerme a repetir pensamientos de otros sino animarme y animarnos a reflexionar por nuestra cuenta, a partir de los elementos de que disponemos.

La pregunta es entonces: ¿Qué es la libertad para mí? Pues bien, la libertad es esa partícula de tiempo en la que todo es posible. Esta posibilidad es susceptible de ser dividida en dos opciones, a saber, lo que finalmente elijamos y lo demás. Este instante es un “lugar” entre las causas, factores, estímulos y condicionantes que no llevan a estar suspendidos en ese momento de decisión o indecisión; y las consecuencias encerradas en dicha elección. Me animaría a decir que es casi imposible determinar absolutamente las causas que ubicaron a un sujeto frente a una situación de elección determinada, de la misma manera que es muy poco probable discernir acabadamente las consecuencias de esa opción realizada.

La libertad es ese instante de vacío y soledad en el que el hombre se encuentra solo consigo mismo y nadie más frente a, por lo menos, dos caminos, independientemente de las causas que lo llevaron ahí y las consecuencias que el camino que elija tengan para sí mismo y para los otros. En ese instante en el que pareciera que...
...el tiempo se detiene, es el hombre y solo él el que elige. Vale decir que, si elige condicionado no está eligiendo, es decir, no es libre. Los condicionamientos pueden estar asociados tanto a las condiciones previas que llevaron al sujeto a estar frente a la situación de elección, como a las consecuencias que dicha decisión traiga aparejada. La libertad es el ejercicio de elección más allá de todo condicionamiento interno o externo, condición previa o consecuencia. La libertad es un momento de profunda intimidad con uno mismo.

Una vez que el hombre ha elegido, pareciera que el tiempo vuelve a transcurrir con normalidad, pero con una diferencia importantísima, el sujeto ha quedado ligado a su elección y a las consecuencias que ella trae consigo. Elección es decisión y el hombre queda encadenado a su elección por propia voluntad. Una vez que se ha decidido, que ha hecho su elección, se vuelve a atar a la necesidad del mundo, del tiempo y de las consecuencias. No importa si estas últimas son buenas o malas para él o para los demás. Como se suele decir, la suerte está echada y el mundo sigue su curso. Por ejemplo, hasta tal punto el hombre puede atentar contra sí mismo como fruto de una elección, que puede dar su propia vida por otro u otros. Esto es denominado heroísmo, porque es algo que es posible pero que no se le puede pedir al hombre sino que nace desde lo más profundo de su ser, de la intimidad de su elección. Quizás sea un ejemplo acabado de lo que es el ejercicio de la libertad.
Es como si el hombre, al ejercer su libertad se abstrajera del mundo y del tiempo para elegir libremente su propio destino. El instante de ejercicio de la libertad es uno de los momentos de mayor soledad del ser humano junto con el nacimiento y la muerte. En esos momentos lo único que tiene el hombre es a sí mismo. Cuando venimos al mundo, o nacemos, lo hacemos solos. Sí, hay otros, pero esos otros ya están, no vienen con uno, no hacen el trabajo de parto por uno. Cuando morimos también lo hacemos solos. Sí, hay otros tal vez acompañando, pero el que se muere es uno, no ellos. Cuando ejercemos verdaderamente nuestra libertad estamos completamente solos y así debe ser. De allí que la soledad sea un elemento indispensable para comprender la libertad. Cuando nacemos no traemos nada ni a nadie. Cuando morimos no nos llevamos nada ni a nadie.

Es de esta soledad que brota luego la inquebrantabilidad de las decisiones tomadas a pesar de las consecuencias que ellas acarreen. El hombre una vez que ha elegido libremente y tomado una decisión, él mismo se obliga a cumplir con dicha elección porque la obligación contraída es consigo mismo.

2 comentarios:

Nadu dijo...

Excelente blog. Muy reflexivo. Cuando tenga un tiempito me voy a detener a leer un poco más. Los invito a leer algunas poesías existenciales que hay por mi blog.
Saludos

Armando dijo...

Muchas gracias por tu comentario. Ya me daré una vuelta por tu blog "Las palabras no se las lleva el viento..." Saludos

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