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sábado, 28 de enero de 2012

Jean-Paul Sartre, ser-en-sí y ser-para-sí

Filósofo y escritor francés, nacido en la ciudad de París el 21 de junio de 1905 y fallecido en la misma ciudad el 15 de abril de 1980. Conocido por ser uno de los mayores exponentes del existencialismo, por su compromiso político y por su rechazo al premio nobel de literatura en 1964. Entre sus influencias filosóficas podemos nombrar a Hegel, Marx, Kierkegaard, Husserl Bergson, entre otros. Sus obras filosóficas más importantes y conocidas son: El ser y la nada; Crítica de la razón dialéctica; y El existencialismo es un humanismo. También Sartre se destacó en la literatura con: La nausea y Las moscas entre varias obras.

Antes de comenzar a exponer el pensamiento de este autor digamos que el existencialismo es una corriente filosófica, iniciada por Kierkegaard, que se centra en la existencia humana, cerrándose en sí misma sin trascendencia alguna. Siguiendo sus influencias husserlianas Sartre dirá que los fenómenos que se le aparecen a la conciencia no son pura apariencia sino el ser mismo no quedando tras el fenómeno ninguna cosa en sí a la manera que lo concebía Kant. Hablará entonces de dos “tipos” de ser, a saber, el ser-en-sí, y el ser-para-sí.

El ser-en-sí es aquel que se nos presenta, que está afuera del sujeto. Es el ser de las cosas externas, es lo que es y no puede ser nada más. Carece de toda temporalidad y devenir a la vez que de toda razón de ser. No solo debemos incluir en esta categoría a las cosas distintas al hombre sino también al cuerpo, siendo algo externo a la conciencia. El pasado, la situación y, sobre todo la muerte, reducen al hombre a un mero ser-en-sí.

El ser-para-sí es el ser de la conciencia. Esta, la conciencia, es consciente, valga la redundancia, de algo distinto a ella misma. Ese algo distinto es el ser-en-sí. La conciencia es el manifestarse de un objeto, ser-en-sí, a un sujeto, ser-para-sí.  El ser-para-sí introduce la negación y la nada en la realidad ya que, para que surja el objeto, el sujeto debe distanciarse de este, debe crear una nada, un vacío entre ambos.

El en-sí es idéntico a sí mismo mientras que el para-sí es la aniquilación del en-sí, negación de toda determinación del ser, de toda su necesidad y facticidad. El hombre, siendo conciencia o para-sí es, por consiguiente, libertad absoluta, libre de toda determinación. Al no ser en-sí es libertad, existencia que se hace. El hombre es su propio autor eligiendo lo que ha de ser independientemente de toda limitación. Así es que existir es negar todo en-sí siendo la existencia la superación de...

miércoles, 18 de enero de 2012

Algunas ideas sobre la cuestión del género

El debate sobre la cuestión del género tendría su punto de partida en el presupuesto de que la identidad individual no está exclusivamente determinada por el aspecto biológico sino, sobre todo, por otros factores como el psicológico, el sociológico, el histórico y, por qué no, la elección personal, voluntaria, del individuo. De esta manera, el ser “hombre” o “mujer” no está ligado a lo fisiológico o corporal, abriéndose un abanico de posibilidades en cuando a la elección del género y el ejercicio de la propia identidad. Es por esto que ya no se habla de sexos, masculino o femenino, sino de géneros.

Para poder mantener este planteo la filosofía de género, como filosofía posmoderna, buscará hacer sitio, es decir, demoler las “antiguas” concepciones de ser humano, persona, identidad, familia, igualdad, libertad, etc. para dar lugar a nuevas formas más respetuosas de la diversidad. Según esta postura, ha sido la sociedad la que ha construido los roles “hombre” y “mujer”, delimitando y determinando las distintas identidades. Podemos observar como antecedentes teóricos, filosóficos, de este planteo el pensamiento de Nietzsche para quien la moral no es más que una mera construcción, un producto histórico resultante del ejercicio del poder por parte de los más poderosos. También podemos encontrar a los existencialistas para quienes la constitución del propio ser y la identidad personal depende exclusivamente del individuo. Heidegger algo dice también del hombre como proyecto. En fin, hay varios antecedentes a revisar.

Siguiendo la línea posmoderna tampoco sería apropiado desde la filosofía del género etiquetar o dar nombres a las distintas opciones en cuanto a la identidad de género. Esto por qué en el preciso momento en que se fija un concepto, se absolutiza, y las nociones universales, los imperativos, los mandatos, son la herencia que se debe destruir para dar lugar a la fluidez, a la libertad, a la indeterminación. De allí que sea muy difícil hablar sobre el tema, volviéndose casi en una tarea imposible de decir lo indecible, categorizando lo incategorizable.

Si el género, independientemente de lo biológico, es una construcción cultural, necesariamente se encuentra separado de lo natural. Naturaleza y cultura se oponen necesariamente ya que, la naturaleza se encuentra signada por la necesidad, mientras que la cultura aspirará a la libertad, a la creatividad, a la creación. Si el sexo está determinado por lo físico, el género será constituido...
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