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domingo, 17 de junio de 2012

Sobre la belleza, lo bello y la subjetividad

Las tres Gracias de Boticelli
¿Existe la belleza en sí? ¿Es un valor universal y absoluto? ¿O la belleza es un valor relativo a un sujeto inmerso en una cultura, en un tiempo y lugar determinado? Las respuestas a estas preguntas dependerán de la línea de pensamiento que se siga o del filósofo al que se recurra para responder. Sin entrar en demasiados detalles podemos decir lo siguiente.

Si consideramos a la belleza desde una perspectiva clásica podremos decir que ella es un valor en sí misma independientemente de los sujetos que la aprecien. En esta línea de pensamiento la belleza es uno de los trascendentales del ser junto con el bien y la verdad y si identificamos al ser con la divinidad como ocurrió en la Edad media, pues bien, la belleza resulta ser uno de los atributos divinos independiente no solo de la valoración de los hombres sino también independiente de su existencia. La belleza entonces existirá más allá de que haya un hombre que la pueda contemplar. A su vez esa concepción de belleza será universal, esto es, igual para todos en todo tiempo y lugar. Y, en su realización más práctica, lo que es bello, es bello para todos más allá de lo que piense o sienta cada ser humano en particular. Lo bello, a diferencia de la belleza, es aquello que predicamos de algo cuando afirmamos la belleza de ello. De esta forma lo bello no se encuentra sujeto a gustos o preferencias individuales sino que es un valor compartido por toda la especie humana. Y decimos compartido en el sentido de que es algo natural, en otras palabras, es algo dado e intrínseco a la naturaleza. La belleza es en sí independientemente de las creaturas que la contemplen y aprecien. Podríamos afirmar que ya se encuentra en las cosas mismas. 

Otro será el caso si nos planteamos la belleza como un valor relativo en vez de un trascendental del ser a la manera clásica. Así comprendida, la belleza estará condicionada por aquel o aquellos que la contemplen y la aprecien. Entonces, lo bello se encontrará determinado por los gustos personales e individuales de los sujetos que aprecien o no la belleza de algo. Lo bello será relativo no solo al sujeto que lo valore sino también al tiempo y al lugar en los que ese sujeto lo haga. Hablaremos entonces de experiencia estética. En el acto de apreciar lo bello de algo, el sujeto coloca algo de sí en aquello que aprecia, ordena la experiencia de aquello...
...que considera y juzga si es bello o no a partir de sus preferencias, sean cuales fueran ellas. Eso se encuentra claramente expresado en la frase popular ‘sobre gustos no hay nada escrito’. Es decir, no existe lo bello absolutamente. La belleza será entonces algo subjetivo, algo propio del sujeto que contempla algo que para él, y quizás solo para él, es bello.

Las tres Gracias de Juan Barjola
Esta manera de comprender la belleza y lo bello es relativamente reciente. De allí que el arte en estos últimos siglos haya diversificado sus manifestaciones a través de expresiones cuya belleza es difícil de encontrar para algunos. Queda claro entonces que el problema no solo se da en el ámbito filosófico sino también en el artístico. Para los planteos clásicos la belleza del arte viene dada, sobre todo, por la casi perfecta correspondencia de la obra de arte con la naturaleza. Ahora, en cambio, la belleza está determinada casi exclusivamente por el gusto del consumidor de esa obra de arte. Lo bello dependerá de la intención del artista y sobre todo de que aquello que se ha producido ha sido creado por un sujeto que ha intentado plasmar algo en esa obra de arte. El artista ha intentado decir o expresar algo. Pero ni siquiera en esto radica la belleza, sino en el ojo que contempla la obra y que la valora por medio de la interpretación de esa misma obra y solo ella. Lo bello estará entonces determinado por el sujeto en un espacio y tiempo determinado y enmarcado en una cultura dada de la misma forma en que lo verdadero y lo bueno dependen de los sujetos en nuestro mundo tardomoderno. El relativismo ha alcanzado todos los órdenes, no solo el del conocimiento y la moral sino también, y quizás con anticipación, el de lo estético.

Resumiendo podríamos afirmar que la belleza dejó de ser un valor universal y absoluto para ser un valor subjetivo y relativo a una cultura determinada, mientras que lo bello se encontrará sujeto a una experiencia personal, privada e intransferible del sujeto con aquello que considera o no bello. La belleza entendida como universal se encontraba, si es posible decirlo de esta manera, más allá del hombre. Ahora bien, comprendida como algo subjetivo y  relativo, la belleza será comprendida en y desde el sujeto. En términos de teoría del conocimiento, lo bello dejó de estar primero en el mundo de las ideas, y luego en el objeto para mudarse definitivamente al sujeto, al menos por ahora. Es este quien determina si algo es bello o no, por lo que la belleza y lo bello no son en sí sino que son para el sujeto. La perspectiva en esta postura es fundamental y la diversidad una característica propia.

2 comentarios:

Raquel dijo...

Acabo de publicar un post sobre el mismo tema. Quizá la llevaba pensando desde que leí esta entrada y por eso me decido a contestar.

Estoy de acuerdo en los aspectos filosóficos. Sin embargo, me parece que el problema o la cuestión del arte contemporáneo es otro. No es que la belleza se haya vuelto subjetiva, sino que ha salido de los criterios que conformaban una obra de arte.

Como bien has dicho la belleza se consideraba como el calco de la naturaleza que deja de tener peso en el momento en el que surgen instrumentos que son capaces de captarla mejor. Por otro lado, se desarrolla en un momento histórico en el que hay muy poco de bello. Por estas razones (y muchas otras) los artistan investigan, experimentan y prueban nuevas formas. El arte se vuelve reflexivo y comienza a hacer preguntas y a hacérselas al espectador. Me parece que esto ha sido una ganancia para el arte.

Quizá esa época haya bajado un poco. Hoy en día hay muchos artistas que son figurativos y que tienen la belleza como criterio. Sin embargo, estoy convencida de que la belleza hay que aprender a contemplar en la naturaleza. Para eso hay que aprender a parar para contemplar y luego ir a lo natural (no a lo artificial, sea tanto artístico como de cirugía, etc.)

Thanks por fomentar el diálogo.

Armando dijo...

Raquel, estoy de acuerdo contigo en que la belleza, al igual que el conocimiento, es búsqueda independientemente de los canones y dogmas establecidos. Tanto el artista como el que contempla una obra de arte buscan algo, buscan, quizás impactar o ser impactados, sorprender o ser sorprendidos por algo maravilloso, algo que, como vos decís en tu post "Belleza, ¿dónde estás?", sea susceptible de disfrutar por la persona en su totalidad. No obstante considero que mucho de la experiencia estética, sobre todo la contemplación de una obra de arte y la apreciación de la belleza depende del ojo del que la contemple. Esto no significa que sea algo malo o bueno sino todo lo contrario, como vos decís, enriquece al arte, al artista y a todos los que consumen arte.

Ahora bien, la naturaleza, a diferencia de la obra de arte, no ha sido producida por el hombre y, por consiguiente, considero que su belleza es de otro orden, si es que hay otro orden. No se, es una cuestión para pensarla.

Gracias por tu lectura y comentario y sobre todo por dialogar.

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