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miércoles, 3 de abril de 2013

El mito de la escuela, en crisis

No es ninguna novedad que las instituciones en general, es decir, el Estado, la economía, la política, la justicia, y más particularmente la educación, están en crisis. Desde la persona más formada hasta la persona más sencilla ya se ha dado cuenta de esto.

Desde los lugares oficiales, léase gobiernos, pareciera que no se cansan de enviar una y otra vez directivas a favor de la supuesta optimización de la ya super-ultra-archi conocida tríada pedagógica, a saber la interrelación existente en todo proceso educativo de tres actores, el alumno, o estudiante como se lo prefiere llamar últimamente, el docente, y los contenidos. También nos suena ya demasiado familiar las siguientes afirmaciones que, los que nos dedicamos a la docencia las encontramos profundamente contradictorias y hasta opuestas con las mismas prácticas que implementa y propicia el Estado, afirmaciones tales como inclusión social, construcción cooperativa de contenidos, aceptación de las diferencias, perfeccionamiento, formación continua, formación para la vida, desarrollo de las propias capacidades o competencias, la educación en la libertad, el pensamiento crítico, etc. Por otro lado, aquellos que nos dedicamos a eso llamado educar, estamos presionados, no solo por el Estado sino también por la sociedad que ve como causa de la mayoría de sus problemas, sino de todos ellos, la falta de educación y el mal trabajo de los docentes, también estamos presionados por nuestros jóvenes que constantemente, y enhorabuena, están demandando actualizaciones no solo conceptuales sino procedimentales, con esto quiero decir motivacionales. Seguramente habrá malos profesionales en la educación de la misma manera que hay malos médicos, malos ingenieros, malos abogados, malos políticos, malos obreros, malos carpinteros, malos plomeros, etc. El problema es mucho más complejo de lo que al común de la gente le gustaría verlo, y ciertamente a nuestros gobernantes.

Para intentar comprender al menos en dónde estamos parados debiéramos retroceder hasta los orígenes de esta institución llamada escuela, y para ello deberemos volver unos 400 años aproximadamente en el tiempo. La escuela a la que todos nosotros hemos asistido, ya sea como alumnos, hace ya algún tiempo, o como docentes, es decir, la escuela que conocemos, que conocieron nuestros padres y que conocen nuestros jóvenes es producto de un proceso socio-histórico y cultural denominado modernidad. Lo que pretendía este invento denominado escuela consistía en "producir", sí esa palabra tan fea para los pedagogos de hoy, "producir" ciudadanos, dicho de otra manera, sujetos que pudieran operar de acuerdo a determinados criterios y estándares previamente establecidos por el Estado para beneficio de la sociedad. En sus orígenes, y por más que se lo quiera maquillar de mil maneras, y en su fin la escuela homogeneiza a los sujetos que recibe y normaliza los saberes y profesiones de las que se nutre. El modelo educativo vigente es el modelo fordista de producción en serie. Entran personas que no saben “nada” y salen personas que saben “algo” que sirve para...
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