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jueves, 9 de mayo de 2013

Filosofía de la liberación, ¿utopía o proyecto?


La gran pregunta que surge en un primer momento con cualquier tipo de filosofía es qué entendemos por ella. Si no partimos de una comprensión de lo que sea filosofar es muy difícil comprender qué es lo que decimos cuando tal filosofía dice una u otra cosa, o parte de tales o cuales presupuestos, o se fundamenta en estos o aquellos principios, etc. Podríamos decir que toda filosofía, que se precie de ser tal, comienza describiéndose o explicándose a sí misma, al igual que lo hacemos nosotros cuando conocemos a alguien nuevo. Lo primero es presentarnos, decir nuestro nombre y alguna otra cosa más que de una idea al otro de quiénes somos. 

Ahora bien, ¿qué es lo que tienen en común todas, si no la gran mayoría, de las filosofías y por ello hablamos de filosofía y no de otra cosa? Para responder a esta pregunta quizás debiéramos remontarnos al origen mismo de la filosofía, o más particularmente a dónde surge la filosofía denominada occidental. Convengamos que es la única que recibió el nombre de filosofía, de hecho es una palabra griega, así que sería una redundancia aclarar que es occidental, pero bueno, aclaremos nomás, no vaya a ser que el asunto se preste a confusión. Es cierto que los primeros filósofos de los que se tiene registro estaban radicados en Asia menor, más precisamente en la actual Turquía, pero ¿quién decidió arbitrariamente que eso era oriente? Al fin y al cabo las categorías de oriente y occidente son absolutamente relativas a aquel que las enuncia dependiendo del lugar en el que se encuentre. Pero regresemos a lo que nos ocupa. 

La filosofía fue entendida, originalmente, como búsqueda. Frente a la maravilla del mundo natural, con su belleza, su inmensidad y sus regularidades, y como resultado del asombro frente a tal espectáculo el hombre comenzó a preguntarse racionalmente, es decir, buscó argumentos, sin abandonar lo mítico-religioso, que le permitieran describir acabadamente lo que tenía frente a sí. En última instancia, la filosofía nació de un deseo muy particular, el deseo de comprender la realidad para poder describirla primero, y para ser capaz de construirla y transformarla después. 

Comprendida de esta manera, la filosofía surge como la búsqueda de algo que no se tiene, de algo de lo que se carece y que se experimenta como un vacío a ser llenado, como el horror vacui de la naturaleza. Entonces, ¿qué es lo que busca la filosofía? Clásicamente buscó la sabiduría, de allí que el hombre que carece de sabiduría trate de conseguirla por medio de la reflexión y el conocimiento. Tal es el caso de Sócrates que nos puede...
...servir como ejemplo. De él es la famosa frase “solo sé que no sé nada”. Con ella reconoce su propia ignorancia admitiendo, al menos, un conocimiento, a saber, la ignorancia como puntapié inicial para comenzar la aventura del pensamiento en busca de la sabiduría, el vacío frente al todo y la imposibilidad de llenar ese vacío.

Es importante en este punto hacer una distinción entre necesidad y deseo. Entendemos la necesidad como aquella carencia que puede ser satisfecha, por ejemplo, la necesidad de alimento o agua. Una vez que se toma el alimento o se bebe el agua la necesidad desaparece. Otro es el caso del deseo que no se sacia nunca. El deseo último de todo deseo es el deseo mismo. Es un deseo la marca de nuestra época, si no de la humanidad toda, a saber, el deseo de poder. El deseo no tiene fin ni límite, de allí que, en última instancia, el deseo se desee a sí mismo. 

Todo lo que hemos dicho hasta ahora ha sido para comprender la falla intrínseca en esta forma de hacer filosofía denominada “Filosofía de la liberación o para la liberación”. El error en esta manera de filosofar estaría en que el fin último que persiguen estas filosofías es la liberación del pueblo en contraposición a la dominación de los más fuertes que generan una dependencia con respecto a los más débiles, en particular, el pueblo latinoamericano y las naciones llamadas en algún momento tercermundistas o subdesarrolladas, frente a los países centrales. Es un fin muy concreto y, pensando positivamente, alcanzable, pero la liberación se correspondería más con una necesidad que con un deseo. El que esta oprimido necesita liberarse. Decimos que necesita liberarse y no ser liberado porque una vez que este liberado ya está, no hay nada más que hacer. De allí que no sea un deseo sino una necesidad. 

Aparentemente la filosofía funciona o encuentra su motor, por fundarse en la razón humana, en el deseo y no en la necesidad que es algo más propio de los animales. Una filosofía que se funde en  la necesidad estará sujeta a ella hasta que la misma se satisfaga. Una vez saciada la necesidad se acabaría la filosofía. De allí que la filosofía de la liberación no pueda superar el estadio de planteo de la cuestión o de descripción programática para dar un paso cualitativo sobre su propia identidad como saber o expresión cultural. Si la filosofía de la liberación insiste en construirse a partir de una necesidad, más que filosofía será un folleto descriptivo de la situación de desigualdad e injusticia de un grupo humano frente a otro a la vez que, en el mejor de los casos, una receta muy elaborada para posibilitar un cambio, la tan ansiada liberación, y nada más. Por esto es que elegimos como título de este post la contraposición entre utopía y proyecto. La filosofía de la liberación más que utopía es proyecto, es decir, pretende ser algo alcanzable señalando una y otra y otra vez qué es lo que hay que hacer para que el pueblo se libere de la opresión. Tal vez la dificultad sea la exacerbación de la dimensión práctica de la filosofía convirtiéndose prácticamente en una técnica de transformación social de la realidad. 


3 comentarios:

Eugenio Silverio dijo...

Extraordinario blog de Filosofía. Pensar es cosa seria, por eso hay que jugar con ella. Los niños, la inocencia, la ingenuidad esencial refleja como nada lo originario, el soplo filosófico, el asombro, la alegría de la admiración de estar vivos como seres pensantes y sentientes. Eugenio Silverio.

El juego de filosofar dijo...

Eugenio, gracias por tu lectura y comentario.

Anónimo dijo...

Parece ser que la filosofía a llegado hasta la mayoría como un conocimiento esencialmente enciclopédico hermético y especulativo
por lo menos así me lo parece. Poco queda en esta ciencia de lo que
era originariamente ,escuela por excelencia del aprender a vivir .Parece ser que ha terminado siendo una obsesión por la apariencia del buen hablar , conocimiento ilustrado y culturizado que ocupo el lugar de
su melliza (la sabiduría) sin que casi nadie lo advirtiera.

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