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miércoles, 25 de mayo de 2016

Pensamientos - percepciones

La cuestión no está tanto en encontrar la verdad o aquella clave que nos conduzca a ella o nos posibilite entenderla, o simplemente contemplarla, sino en la pluralidad de formas en que podemos decir lo mismo de diferentes maneras tratando de dar forma, de ordenar, aquello que se nos antoja o se nos aparece como algo oscuro y confuso, como aquello que no alcanzamos a comprender totalmente.

Pareciera que nuestra ciencia, nuestro pensamiento, nuestra imaginación y nuestra memoria simplemente hacen lo que un albañil al colocar argamasa entre los ladrillos, a saber, llenar los agujeros ya que sin estar rellenos sería imposible ordenar y concebir una estructura cualquiera.

Nuestra realidad es la conjunción de eso que ya estaba y aquello que hemos puesto nosotros mismos para comprender y explicar nuestro mundo independientemente de aquello que subyace a nuestra misma realidad, eso que nos hace preguntarnos y buscar respuestas, eso que es como el lienzo blanco de todo pintor, que esta ahí y que sin él no habría obra de arte pero que, a pesar de ser parte de ella en verdad no es ella.

La obra son los colores o la representación de la ausencia de ellos, no el vacío del lienzo sin trabajar. La historia del pensamiento humano puede ser resumida entonces como la historia de aquellos esfuerzos del hombre por explicar aquello que necesariamente se le escapa, aquello que está debajo de la pintura en las profundidades inexpugnables de lo incognoscible para el hombre. Eso que permanece inaccesible por el simple hecho de que no es nuestra realidad o que sencillamente la trasciende.

Se dice que la filosofía comenzó con el cambio radical de una manera de comprender pero sobre todo de explicar o describir la realidad, esto es, del mito al logos o razón. Lo importante no es la forma en que se dio respuesta a las inquietudes por esa trascendencia, sino justamente por dos cuestiones. En primer lugar, por la pregunta misma que remite a eso incomprensible, y por lo tanto casi inexplicable o indescriptible, y en segundo lugar, al modo de respuesta. En esto no hay progreso sino distintas, variadas y hasta me animaría a decir más claras descripciones según las épocas, maneras de describir nuestra realidad, apoyada en esa trascendencia.

La verdadera intención de todas las descripciones o explicaciones de nuestra visión y comprensión de la realidad, a través de fundamentos meramente impuestos y creados por nosotros mismos, no es otra que conducirnos a través del lenguaje a un terreno neutral de tranquilidad entre el hombre y lo demás, sea lo que sea eso que podría existir o no más allá de nosotros mismos. 

¿La descripción será acaso una forma de justificación? Pensemos, por ejemplo, en la transformación que produjo Kant a la autocomprensión de la filosofía al pasar de una visión en la que era la metafísica, "ciencia" de los primeros principios, es decir, aquella que se encargaba de conocer o contemplar aquello que subyacía, aquello que estaba más allá de lo visible, de las apariencias de este...
...mundo en constante cambio, aquello que permanecía, a una visión más bien práctica en la que la filosofía tiene la función, no ya de contemplar eso que está por debajo y que explicaría toda la realidad, sino aquello que me permite fundamentar o justificar el funcionamiento de la ciencia, que me permite comprender la realidad bajo la lente de nuestras necesidades y deseos. 

La formación filosófica ha de procurar que los estudiantes tengan acceso a la mayor cantidad de formas distintas de pensar para que elijan aquella en la que se sientan más cómodos, en sentido de que encuentran mayores respuestas a sus propios interrogantes, antes de dar sus primeros pasos propios en la aventura de pensamiento.


Nos guste o no, vivimos en un mundo de percepciones que soberbiamente tratamos de universalizar y aplicar tiránicamente a los demás sin comprender las más de las veces que los otros pueden, y de hecho necesariamente es así, percibir la realidad de manera radicalmente distinta. La riqueza consiste, precisamente, en que podamos, madura y responsablemente, compartir nuestras visiones y comprensiones del mundo para acercarnos, cada vez más, a construir y reconstruir el rompecabezas de significados y sentidos que llamamos realidad. 


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