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viernes, 2 de abril de 2010

El "ser para la muerte" en la filosofía de Martín Heidegger

El eje central de la filosofía de Heidegger es volver a formular la pregunta por el Ser. Y el hombre es el ser que se interroga acerca del Ser. Es el ser capaz de reflexionar sobre su propio ser y sobre el ser-en-general.

    Ahora bien, el hombre cotidiano se descubre huyendo constantemente de sí mismo, de un temor que lo agobia. A esto Heidegger lo denomina “verfallen” (derrumbamiento), y consiste en una fuga de sí mismo. El sujeto se transforma en el cualquiera anónimo. El hombre que no es auténtico es el que se encuentra absorbido por las cosas que absorben a cualquiera y termina por interpretarse a sí mismo como una cosa entre otras. Pero, ¿Qué es el temor para Heidegger?

    Antes de responder esta pregunta deberíamos reproducir la distinción que el mismo Heidegger hace respecto del temor y del miedo. Aunque comúnmente se los asocie como sinónimos no son lo mismo. El miedo encuentra su origen en algo externo. Siempre se tiene miedo de una persona o cosa determinada, no obstante solo un ser que se preocupe por su Ser puede sentir miedo. Al tener miedo el hombre se preocupa por su propio ser-en-el-mundo. El hombre en su falta de autenticidad no huye del miedo sino del temor.

El temor no encuentra su origen en un objeto determinado y definido. Lo que al hombre le inspira temor es el mundo como tal. En el temor el mundo se le aparece al hombre irremediablemente en toda su nada. Un mundo que es ajeno a él. En el temor el hombre se encuentra a sí mismo como un ser arrojado a un estado en el que no está a gusto, y si trata de escapar de este hecho duro, si se refugia en el ser uno-como-muchos (das Man), su ser, su existencia se vuelve inauténtica.

El temor es lo que constituye el significado propio, genuino y auténtico del yo. En el derrumbamiento el hombre se escapa de sí mismo, de su ser auténticamente el mismo, en última instancia de su ser hombre. En el temor el hombre se enfrenta con su ser como proyecto inacabado, su ser como posibilidad. El hombre ejerce la ejecución de su propio ser, pero siendo un proyecto caído. Caído porque aún no adquirido perfecto dominio sobre sí mismo. El temor descubre en el hombre la posibilidad de ser proyecto, y esta posibilidad es la muerte. La muerte es entendida entonces como fin del ser potencial del hombre. La muerte es el fin de todo proyecto, o dicho de otra manera, todo proyecto se acaba con la muerte. Por consiguiente todo temor es temor a la muerte.

Pero la muerte es parte constitutiva de la vida del ser del hombre. El hombre desde que nace comienza a morir, comienza a vivir con la muerte. Tan pronto como el hombre viene a la vida ya es lo suficientemente viejo para morir.

La muerte no es, o no debe ser, un hecho vivido externamente sino que debe ser vivido como algo que es algo intrínseco a la propia vida del hombre. Mas el hombre, en su cotidianeidad, en su praxis, es absorbido por el anonimato...
...del uno como muchos y de esta manera huye de la posibilidad más propia de su existencia, la muerte. En nuestro tiempo la muerte se esconde, es algo de lo que no se habla. Nuestra época es la expresión de una obsesión por la vida y la juventud perpetua más allá de los límites naturales, más allá de la muerte. Esta fuga no es otra cosa que la expresión del temor a la muerte y por tanto el escape de este temor. El ser de uno como muchos es un ser enajenado de dos maneras. En primer lugar respecto de sí mismo, ya que se encuentra fuera de sí, negando la propia finitud; y en segundo lugar, respecto de su posibilidad más propia, la muerte. “El impersonal uno-como-muchos solo se interesa en la certidumbre de estar aun vivo (sic)”. [LUYPEN, W., Fenomenología existencial, p. 322].

La muerte tiene que ver por tanto con la libertad del hombre, ya que la libertad de ser auténticamente uno mismo se revela en el temor como libertad-para-la-muerte. La amenaza de la muerte no nace del cuándo llegará, sino que nace del no-cubrimiento del hombre en tanto que corre delante de sí. En otras palabras, para que el hombre sea libre es necesario que sea consciente de su finitud, del fin de sus posibilidades, de su ser para la muerte (Sein zum Tode). De esta manera se conducirá por la vida de otra forma, de una forma auténtica y libre, y no diluido en el uno como muchos, impersonal e inauténtico.

8 comentarios:

TheisyKaponi dijo...

Muy buen tema, me gusto mucho el modo en que lo explicas ya que se logra comprender muy bien. :)

Anónimo dijo...

Excelentemente bien explicado. Gracias por compartirlo.

Anónimo dijo...

Muy bueno y excelente explicacion

Anónimo dijo...

esta muy buena la informacion, buen trabajo

Anónimo dijo...

Se encuentra muy bien la informacion y exelente trabajo.

Anónimo dijo...

Que aburrido, gracias saludos de Lima.

Anónimo dijo...

Esta super bueno ya que tiene mucha información, gracias saludos desde COLOMBIA

Ali Martinez Herrera dijo...

Estupendo trabajo, felicidades

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