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sábado, 10 de abril de 2010

Un dilema existencial entre los jóvenes: ¿Felicidad o capital?

Entre los adultos nos cuestionamos muchas veces sobre lo acertado de nuestra decisión a la hora de elegir la profesión que nos determinaría económica y profesionalmente el resto de nuestra vida. Se nos plantea la duda por diversos motivos tales como los bajos salarios, la poca proyección a futuro, la inestabilidad laboral, la injusticia social, etc. Este es el panorama actual que les mostramos a nuestros jóvenes.

Podrían objetarme que esta dicotomía planteada en la ya conocida pregunta adolescente: ¿haré lo que me gusta o lo que me dé dinero? Es común a los jóvenes de todos los tiempos. La diferencia radica en que, hace no mucho tiempo, aquel que optaba por una cosa, optaba también, en alguna medida por la otra. El que elegía ser profesional y dedicar varios años de su vida al estudio, luego en el ejercicio de su profesión encontraba felicidad por hacer lo que le gustaba y a la vez ganaba buen dinero como reconocimiento de todos sus años de preparación y experiencia.

Las cosas han cambiado y de más está decirlo. Hoy más allá de no valorar el esfuerzo personal, tampoco se valora el resultado sino a aquel que tiene más poder, más fuerza para imponerse a los demás. Es por esto que hay profesiones a las que se puede acceder sin mucho esfuerzo y ganar cifras siderales. Piénsese en los deportistas profesionales que, por el simple hecho de jugar un deporte popular que arrastra multitudes, ganan fortunas. O piénsese en otros trabajos que, sin demandar la preparación que requiere se médico, ingeniero, arquitecto, docente o abogado entre otras, tienen satisfacciones monetarias más importantes.

El dilema radica en esto, ¿felicidad o dinero? Conversando con un adolescente a punto de recibirse del secundario me decía: ¿para qué formarse, para qué pensar, para qué complicarse si es mejor no saber mucho pero ganar bien? Y seguido a esto...
...el anhelo de felicidad propio de todo ser humano. Todavía queda algo en el hombre que le indica que el dinero y la acumulación de capital no es el camino exclusivo a la felicidad. Todo hombre por el simple hecho de ser hombre busca la felicidad, la cuestión radica en descubrir el camino que conduce a ella. Es así que a los jóvenes, y a todos los sujetos en general, les cuesta discernir qué camino tomar. ¿El del facilismo mecánico de trabajar X cantidad para acumular una suma importante de capital? ¿En vistas a qué? ¿A consumirlo? ¿O elegir un proyecto de vida en base a una decisión personal fundamentada en las preferencias, disposiciones y capacidades del propio sujeto? ¿Es el dinero todo lo que hay? ¿Es el único factor y parámetro a tener en cuenta? Me animo a responder: no.

Hasta este punto llega la crisis actual. Los sueños se marchitan. Recuerdo que no hace mucho tiempo uno soñaba con ser alguien cuando fuera grande. Se nos preguntaba sobre esto y uno aspiraba a ser alguien grande, algo hasta casi imposible pero que perseguiríamos como meta. Luego la vida se encargaba de acomodarnos a la realidad, a nuestras propias capacidades y posibilidades, pero el sueño, el ideal, existía y los resultados  del esfuerzo por alcanzar esos ideales eran visibles. Hoy no. Nuestra sociedad está cortando de raíz los sueños de las actuales generaciones, programando o adiestrando a los sujetos para producir y consumir. No hay más sueños, o en todo caso el "sueño" es ser millonario. Así nomás. Y eso es todo. Tener suficiente dinero para vivir de vago a la vez que tener al alcance todo lo que se desee. Todo al menor costo y con el mayor beneficio. Reproduciendo esto como ideal de felicidad. Tamaña felicidad, ¿eh?

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