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martes, 19 de julio de 2011

Nietzsche y el valor de la vida

La vida es un instinto de desarrollo, de supervivencia, de acumulación de fuerzas, de poder.

Friedrich Wilhelm Nietzsche fue un filósofo y filólogo alemán nacido en la ciudad de Röcken el 15 de octubre de 1844 y fallecido en la ciudad de Weimar el 25 de agosto de 1900 a los 55 años. Es considerado uno de los pensadores más influyentes de los últimos tiempos dando origen a varias líneas de pensamiento posteriores. Su pensamiento se caracteriza por la crítica, en algunos casos despiadada, de la cultura y el pensamiento reinante en su época. Su frase más conocida es la que pronuncia uno de sus personajes en “Así habló Zaratustra” y “La gaya ciencia”, a saber, ‘Dios ha muerto’. A partir de esta sentencia Nietzsche caracteriza de manera profunda y exacta la realidad del pensamiento occidental moderno y determina su filosofía. Donde no hay dios, no hay sentido ya que con la divinidad ha muerto la razón y junto con ella el sentido.  Muchas son las obras de este pensador. Entre las más conocidas podemos nombrar, además de las antes mencionadas: “El ocaso de los ídolos”; “El anticristo”; “Sobre la verdad y la mentira en sentido extramoral”; “Humano demasiado humano”; “La genealogía de la moral”; “Más allá del bien y del mal”; y “Ecce homo”.

La idea central del pensamiento de Nietzsche es la vida. Esta es comprendida en función de un sentido objetivo trascendente aunque, en realidad, la vida, según este pensador, es sinsentido, es nihilismo. La vida ha de ser comprendida como eterno retorno de lo mismo, como voluntad de poder, como momento del ultrahombre o superhombre, como transvaloración de los valores. El hombre necesita dar sentido a la vida creando valores. Si dios ha muerto entonces no hay verdad, ni fundamento, ni sentido, ni moral, ni libertad, ni razón. Solo hay nihilismo.

La metafísica afirmaba la realidad de un mundo suprasensible. Ahora bien, la muerte de dios significa que el mundo y la creencia metafísica se han desmoronado y que la filosofía occidental entendida idealistamente ha llegado a su fin. Significa además que no hay orden ni finalidad sino caos, obligando al hombre a convertirse en dios. La muerte de dios es el paso previo y necesario para instaurar una nueva moral, una moral del hombre fuerte que no conoce normas y prohibiciones. Es necesaria la negación de dios para...
...afirmar el poderío del hombre ya que, si hay dios, el hombre no podría ocupar su lugar, y por lo tanto ser creador. Dios es un rival para el hombre moderno. En última instancia el hombre niega a dios porque quiere ser como él. Pero no puede ser dios por lo que buscará ser un hombre nuevo, un superhombre.

El nihilismo consiste en la desvaloración de todos los valores, en la ausencia de fundamento, origen y fin de toda realidad, en un sinsentido absoluto. Luego de la negación de la realidad trascendente  solo queda la afirmación de este mundo, espacio y tiempo del devenir y de la vida.

Dijimos antes que la vida es comprendida por Nietzsche como eterno retorno de lo mismo. El tiempo, al igual que los antiguos griegos, será comprendido por este filósofo como circularidad de pasado, presente y futuro que se enlazan entre sí. Todo lo que puede suceder tiene que suceder y ya ha sucedido. Ahora bien, si todo retorna, todo es vano y por consiguiente sinsentido. Si es circular el fin coincide con el principio. De esta forma el ser es necesario y la necesidad reside, justamente, en el devenir. La vida será entonces un devenir necesario y sin sentido determinado por la necesidad del mundo natural.

El superhombre será aquel sujeto que se haga cargo de este nihilismo y lo supere. Aquel que se sobreponga a dios y a su muerte ocupando su lugar. Aquel que no encuentre nada imposible. Pero no será un individuo ni un grupo sino un estado nuevo de la humanidad toda. Dirá sí a la vida, no despreciará el cuerpo sino que cultivará los sentidos, no amará al prójimo sino al amigo, será libre de todo mandato externo, se dará a sí mismo el bien y el mal, e impondrá su propia voluntad como ley sobre sí mismo. Así el hombre habrá superado la muerte de dios pero no la nada ya que seguirá sin tener ideales y metas sin atreverse a nada, sin querer nada, viviendo sin valores ni anhelos ni esperanzas, viviendo el día a día.

La voluntad de poder es la esencia oculta de todo lo real. Habíamos dicho que la vida es también voluntad de poder, siendo la voluntad autoafirmación. Únicamente donde hay vida hay voluntad de poder, fuerza. El mundo es una combinación de fuerzas que luchan por el poder, unas dominando y otras siendo dominadas, pero todas queriendo poder.

La vida es invaluable porque es la medida de todo valor. El valor radica en un punto de vista sobre las condiciones de conservación y aumento en lo relativo a la duración de la propia vida dentro del devenir. Queda claro entonces que los valores son relativos a la vida siendo formaciones o productos de la voluntad de poder.


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