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martes, 22 de mayo de 2012

Eva (2011) Sobre inteligencia emocional

Hace unos días vi una película que me hizo pensar sobre este deseo que tiene el ser humano de crear cosas. Una de las últimas fronteras en torno a la creación o producción humana es justamente la de construir otro ser que pueda pensar y sentir como un ser humano. Muchas son las películas que reflejan este deseo de crear inteligencia artificial. Y pareciera que cada vez se va acortando más la brecha entre lo imposible y lo real a través de los desarrollos de la informática, la cibernética y la robótica.

Eva (2011) trata, entre otras cosas, de esto. La posibilidad de crear otro ser inteligente al igual que él mismo hombre. Digamos algo del argumento del film, sin contar el final obviamente, para que se comprenda un poco más de lo que estamos hablando. La historia transcurre en un futuro no muy lejano, 2041, en España. Trata de un programador que es contratado por un instituto de investigación y formación para construir un niño robot, o mejor dicho un androide. Para llevar a cabo esta tarea, el programador, Alex Garel, deberá buscar un modelo que le sirva para programar la máquina. Un modelo que a su criterio sea único, divertido, para que el resultado sea una máquina, o un androide único. Baste decir, para no contar toda la película, que el proyecto no avanza mucho. Sin embargo, durante sus investigaciones, sus ensayos y errores se encuentra con un ejemplar único que ya existía. Un ejemplar ilegal ya que, según la película, no se podían crear androides, o robots en general, libres, quizás por el temor de que se volvieran en contra de los seres humanos. Y en alguna medida esto es lo que sucede como en la mayoría de las películas de este mismo género.

Según Garel, el software del robot es como su “alma”, que le posibilita relacionarse con el mundo, y que, sumado a sus experiencias y al aprendizaje derivado de ellas, constituyen su memoria y su personalidad. Filosóficamente hablando, en el “alma” de estas máquinas estarían contenidas las condiciones de posibilidad de relación y aprendizaje, y lo que le daría el carácter de única...
...no sería solo dicho software sino también el conjunto de experiencias propias y de relaciones que la máquina ha tenido y establecido con su entorno. En un momento de la película Garel se acerca a dos estudiantes y les reprocha que, al resetear un robot, por más que dicho robot se reinicie, lo están matando de alguna manera. Porque el robot que se reinicia no es el mismo que antes de que se reseteara ya que no tiene todas las experiencias acumuladas que el robot “anterior”.

Ahora bien, es interesante como la perspectiva sobre la inteligencia artificial se corre desde lo meramente racional, lo que podríamos llamar como nuestra capacidad para calcular, analizar probabilidades y tomar decisiones eficientes, hacia el campo de la inteligencia emocional. Y pareciera que allí radicaría, al menos en lo concerniente a la película, la libertad, en otras palabras el azar, del hombre primero y del androide después. Esto no significa que sea así pero así es como se trata en el film.

Entonces, esto me lleva a preguntarme, ¿Por qué el hombre necesita crear un ser inteligente? ¿Para qué necesita crearlo? Y estas preguntas me dirigen casi necesariamente a estas otras a manera de hipótesis o intentos de respuesta: ¿No es en realidad una búsqueda de aquello que lo hace a él mismo ser un ser humano? Por lo tanto, ¿Qué es lo propio del hombre que nos distingue de los demás seres y de las demás cosas? Esta última, una de las preguntas fundamentales de la historia del pensamiento humano, que existe desde que el hombre es hombre. La respuesta que daría la película es justamente la inteligencia emocional. Las emociones, el caos de emociones, eso prácticamente inasible, imprevisible y sobre todo incalculable, es lo que lo hace al hombre ser tal. Tal vez este sea justamente el límite de la robótica. Es decir, la reproducción o réplica de las emociones humanas por parte de una máquina. Nótese que he utilizado muchas veces la palabra “máquina” a lo largo de este breve texto para expresar justamente esto, que, por más que los androides parezcan o vayan a parecerse a los seres humanos, no por ello dejan de ser máquinas. Muy sofisticadas, pero máquinas al fin.



2 comentarios:

angelica dijo...

Coincido contigo, además las máquinas son creadas por el hombre y es él quien pone en ellas las propiedades que tal vez le gustaría tener o encotrar en otro ser humano pero que al no "verlas" decide idealizarlas en estas máquinas.
Un cordial saludo.

El juego de filosofar dijo...

Angélica, gracias por tu lectura y comentario. Es cierto que el hombre proyecta sobre sus productos mucho de sí mismo. Saludos.

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