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domingo, 14 de agosto de 2016

La idea de discriminación como instrumento de manipulación social

Es moneda corriente por estos días hablar, discutir, y sobre todo señalar la discriminación a diestra y siniestra como algo indeseable en nuestra cultura, y más particularmente en nuestras relaciones cotidianas. Pero, ¿Qué es la discriminación? ¿Qué entendemos cuando decimos que alguien está discriminando o alguien es discriminado?

Comencemos por el significado de la palabra. Discriminar es separar, distinguir, cuestión fundamental y básica resultante de todo acto humano. Cuando elegimos algo estamos discriminando aquello que elegimos separándolo, distinguiéndolo y hasta excluyéndolo de todo lo demás. En el simple acto de hablar discriminamos. Cuando decimos “A”, al mismo tiempo hemos ignorado el resto del alfabeto, y por tanto, lo hemos discriminado de la misma manera que hemos discriminado a “A” cuando la hemos elegido. En consecuencia, toda elección presupone una discriminación. 

Ahora bien, se asocia comúnmente la idea de discriminación con la de injusticia, y por lo tanto, se plantea en la relación con los otros y no con las cosas. Es aquí, en parte, donde aparece la valoración negativa de la discriminación. Afirmamos que el que discrimina comete un acto de injusticia porque priva al “discriminado” de aquello que obtiene el “elegido” o aquel que en principio no ha sido discriminado. Como resultado de esto tenemos dos caras de la discriminación, aquella que presupone simplemente la elección de alguien de acuerdo a criterios preestablecidos, y por otro lado, la exclusión explícita del “discriminado”. Llevándolo nuevamente al plano de las cosas, no es lo mismo elegir una manzana que elegir “no elegir” la naranja. Entonces, la discriminación se nos hace despreciable cuando presenta esta cara de exclusión manifiesta, de separación y estigmatización de aquello que se elige discriminar, en otras palabras la elección deliberada de excluir. 

El argumento presupuesto comúnmente utilizado que se opone a la discriminación en favor de la no discriminación es el de la igualdad asociada a la justicia. Pues bien, no olvidemos que la igualdad es solo una “ficción jurídica”, es decir, es un estado propuesto o construido por los seres humanos en referencia a lo legal, y dentro de un marco jurídico. Esto es, somos todos iguales frente a la ley y nada más. Desde la ley todos tenemos los mismos derechos y las mismas obligaciones, en consecuencia las mismas oportunidades reguladas por esos derechos y esos deberes. La palabra clave en la oración precedente es “reguladas”. Esto no implica que cada cual pueda acceder a todas las cosas por sí, sino que debe cumplir ciertos requisitos, debe cumplir ciertas obligaciones para alcanzar ciertos “beneficios”. No todos obtenemos los mismos “beneficios” en una sociedad porque no somos iguales. Sí tenemos los mismos derechos de alcanzarlos, pero esto no garantiza que los alcancemos. Si así fuera nadie haría nada, total, si diera lo mismo trabajar o no para obtener un salario, lo preferible sería no trabajar y obtener de esta manera el mismo salario que obtiene aquel que trabaja. Queda más que claro que esto sería un acto de injusticia. De allí que el tema de la discriminación sea algo tan intrincado y engañoso. 

Siguiendo con el ejemplo anterior, todos tenemos derecho, por ejemplo, a ser ricos, pero no por ello lo seremos. Es necesario que trabajemos honestamente en pos de lograrlo porque la riqueza no nos caerá del cielo simplemente por tener el derecho a ser ricos. De igual forma, todos tenemos derecho a una educación de calidad, pero si no nos esforzamos, si no asistimos a una escuela, si no estudiamos, etc. no alcanzaremos la educación que asegura el derecho. El derecho simplemente posibilita algo que...
...tiene que ser conseguido con esfuerzo, cuestión que implica, además, las propias capacidades de cada cual, de la misma forma que la obligación demanda que alcancemos o cumplamos con lo mínimo establecido por la sociedad en la que vivimos. 

De esto trata la justicia y el orden. En consecuencia, la discriminación se torna relativa. La idea negativa de la discriminación radicaría, por lo tanto, en la exclusión o separación deliberada que niega el derecho o la posibilidad de algo y no en la negación del beneficio obtenido injustamente por la vía rápida en detrimento del esfuerzo y del trabajo de los otros. 

Una vez reflexionada la cuestión sobre la discriminación de esta manera, se vuelve clara la utilización de la idea de discriminación como un instrumento de manipulación social usado por aquellos miembros de la sociedad que, no contentos con la garantía que los derechos les brindan, aspiran a la vez que exigen de la comunidad política, y de las instituciones que la conforman, los beneficios que el desarrollo de dichos derechos implican, obviamente sin el menor esfuerzo por parte de ellos. Se disfrazan de víctimas en pos de obtener algún rédito. Pervierten la idea de justicia, de igualdad y de solidaridad en favor de sus deseos mezquinos, regodeándose de su mediocridad y ocultándose cobardemente detrás de la verdadera estigmatización de la discriminación en el sentido de la exclusión y negación de todo derecho. 

Esta utilización de la discriminación como herramienta de manipulación social va corrompiendo lentamente las mismas bases de la sociedad enemistando a sus miembros, generando la injusticia que ella misma dice combatir, produciendo desigualdad y malestar en aquellos que, con esfuerzo y sacrificio, aseguran sus derechos beneficiando no sólo a sus propias personas sino también a toda la comunidad. 
Imagen tomada de: escuelainciusivaatenciondiversa.blogspot.com 

En conclusión, la discriminación es mala y nociva cuando es aplicada de hecho para negar los derechos que todos compartimos por ser personas y ciudadanos habitantes de una nación. Somos todos iguales en cuanto a los derechos y obligaciones que poseemos, es decir, somos iguales ante la ley. En todo lo demás sería una necedad extrema decir que somos iguales cuando evidentemente no lo somos. Finalmente, la utilización de la idea pervertida de discriminación, no como negación de los derechos sino como la negación de la obtención de los beneficios obtenidos por otros a través del trabajo de los demás, no hace otra cosa que exaltar las diferencias generando, entre otras cosas, mayores injusticias y malestares a la sociedad. La verdadera discriminación es aberrante, pero es aún más monstruosa la idea pervertida de discriminación como instrumento de manipulación. 



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