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sábado, 13 de marzo de 2010

La Razón moderna y el deseo de Poder

"El surgimiento del sujeto se paga con el reconocimiento del poder como principio de todas las relaciones" Adorno y Horkheimer – Dialéctica de la Ilustración.

Aristóteles en la antigüedad había definido al hombre como un "animal racional" es decir como un ser dotado de razón. Ha sido en la razón donde el hombre moderno ha puesto su confianza. De esta manera la razón ha sido, y de alguna manera continua siendo, el centro de reflexión de la filosofía moderna y contemporánea. Podemos asociar a esta razón términos tales como: emancipación, conocimiento, progreso y libertad entre otros, todos ellos relacionados entre sí y todos ellos característicos del proceso que hemos dado en llamar modernidad.


La modernidad ha buscado la emancipación del individuo en todos los ámbitos, ya sea en la esfera del conocimiento, por medio de la ciencia y la técnica, independientemente del conocimiento por autoridad, en vistas a la dominación instrumental del mundo natural; en el terreno moral, por medio del desarrollo de éticas no fundamentadas en la religión ni en la autoridad revelada y de la separación entre legalidad y moralidad; en el espacio económico, por medio de la racionalización de la producción y el consumo de bienes y servicios; en el ámbito político, por medio de la creación de los Estados modernos seculares, autónomos e independientes del poder espiritual; etc.

Para que el conocimiento avanzara, progresara al igual que la sociedad en su totalidad, el hombre moderno debía de desligarse de todo saber previo acuñado acríticamente, es decir, de toda tradición que no estuviera claramente fundamentada en la razón. La modernidad demanda a priori una ruptura con el pasado, con la tradición considerada como un lastre. En la era de la diosa razón deben ser eliminados los errores, las ilusiones y las falsedades de las épocas precedentes. La razón debe emanciparse, en otras palabras, debe poder por un lado independizarse de la autoridad reinante hasta ese momento, y por el otro debe poder autogobernarse. Debe ser autónoma y alcanzar la "mayoría de edad".

Pero el hombre no es exclusivamente un ser racional. Es además un ser pasional. Tiene o padece pasiones. De allí que, retomando la definición aristotélica de hombre, el hombre no solo sea un ser racional sino también un animal. Como ser pasional el hombre es un...
...ser deseante y desea, como lo ha demostrado Hobbes y muchos otros, poder. El hombre desea poder. "El conocimiento es poder", había dicho Bacon. Y si a esto le sumamos el principio de autoconservación inherente en todo ser vivo, incluido el hombre, obtenemos la otra característica distintiva de la modernidad, el deseo de poder. Ahora bien, el poder tiene su lógica propia y como deseo humano será imposible de satisfacer. Para esta pasión no hay medias tintas, no hay límites. El poder regirá entonces las relaciones entre los miembros de una sociedad constituida por luchas y juegos de poder.

La razón al igual que el hombre, no olvidemos que estamos hablando de la razón humana, va buscar, por todos los medios que estén a su alcance, perseverar en el ser. De la misma manera las construcciones humanas modernas, llámese Estado, Ciencia, Economía, etc. Cada uno de estos ámbitos va a tender a concentrar la mayor cantidad de poder posible para asegurar su propia existencia, su autoconservación sin considerar los demás ámbitos. Aunque, en alguna medida es necesario un cierto equilibrio ya que la supervivencia del proyecto moderno depende de la vida de todas sus partes, sin negar por esto el desarrollo independiente de cada uno de estos ámbitos.

En el centro de la modernidad está el sujeto, y dentro del mismo la razón y el poder. Los resultados de esto están a la vista. Sin ir más lejos podemos ver las consecuencias ecológicas catastróficas que ha tenido el obrar dominador del hombre en la naturaleza. Como habíamos dicho en un post anterior, "La crisis de la racionalidad moderna", en el mismo seno de la razón y del planteo moderno se encuentra un elemento irracional e insaciable, el poder. Y es necesario reconocerlo como un elemento indispensable para la compresión del sujeto moderno.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias por el post! Muy interesante tus escritos. Adriana

El juego de filosofar dijo...

Gracias Adriana por tu lectura y comentario.

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