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viernes, 1 de agosto de 2014

El “caso” Galileo Galilei


Galileo Galilei nació en la ciudad de Pisa el 15 de febrero de 1564 y murió en la ciudad de Florencia el 8 de enero de 1642. Fue un sabio renacentista, filósofo, físico, matemático, y astrónomo italiano. Se volvió significativo para la historia de la ciencia por haber desafiado al poder institucionalizado, en su época la Iglesia Católica, contradiciendo la cosmovisión oficial en cuanto al lugar de la tierra en el universo, afirmando a la vez que corroborando empíricamente la teoría heliocéntrica copernicana. Un detalle importante en esta disputa fue la capacidad de Galileo para separar los saberes teológico, filosófico y científico, siendo consciente de que el saber científico es hipotético-conjetural, de allí su abjuración, ya que no vale la pena dar la vida por una idea que hoy puede ser verdad pero que mañana puede tornar en error o verdad a medias. 

Dejando atrás el renacimiento, Galileo es ya un moderno, en el sentido de que buscará interpretar la realidad reduciéndola, para ello, a lo geométrico. (Koyré, 2000: 49) Al mismo tiempo será considerado el padre del método experimental con la aplicación de su lema “razón más verificación”. A partir de esto Galileo formula tres leyes sobre el movimiento, cuestión fundamental que sometería a juicio a la física aristotélica. Las leyes del movimiento por él expuestas son: la ley de inercia, la ley de caída libre de los cuerpos, y por último, la ley de composición de movimiento. (Juárez, 2013: 177) De hecho, una de las causas de la condena de Galileo fue la posible desustancialización del cosmos a partir del principio de inercia que pude ser interpretado como la posibilidad de afirmar la existencia de un universo sin Dios, del primer motor aristotélico, valga la aclaración. El “caso” Galileo consistiría, a grandes rasgos, en dos cuestiones, a saber, en primer lugar, una razón metafísica más que teológica, (Juárez, 2013: 178) ya que el supuesto que se encuentra en crisis no es la fe en sí sino la filosofía que la justifica, es decir, la aristotélica; y en segundo lugar, en un problema epistemológico, en otras palabras, la imposibilidad en su momento de separar claramente lo que correspondía al ámbito teológico, al filosófico y al científico, seguramente debido a que la temática alcazaba a tocar las más íntimas fibras del poder reinante en la época. En síntesis podríamos resumir estas dos cuestiones, la metafísica y la epistemológica, a un problema de hermenéutica. 

Hemos dicho que el “caso” Galileo gira, en última instancia, en torno a un problema hermenéutico en el sentido de que podemos observar una dificultad a la hora de comprender e interpretar el pensamiento galileano y sus relaciones con el pensamiento copernicano, ambos legitimados a partir de la observación; y la comprensión e interpretación de los contenidos de las Sagradas Escrituras. No obstante, notamos cierta ambigüedad...
...por parte de la Iglesia expresada en la propuesta de Bellarmino a Galileo para que presentara las tesis copernicanas como hipótesis hasta que fueran confirmadas con pruebas irrefutables, (Boido, 1996: 333) cuando es sabido que de una manera u otra hubieran contradicho la interpretación literal de la biblia o la fundamentada en un realismo ingenuo como el de Aristóteles, en un idola theatri, como diría Bacon. (Gianella, 2004: 32)

Epistemológicamente hablando, la controversia radicaría en el contexto de descubrimiento más que en el de justificación. Es decir, la cuestión no consistía en si las tesis de Galileo o Copérnico estaban correctamente fundadas y corroboradas por la experiencia sino en la aceptación, mejor dicho la resistencia y el rechazo que esas tesis provocaron en la sociedad y en las instituciones de poder de su tiempo. Habremos de esperar hasta el advenimiento de Kant un siglo después, a saber, el siglo XVIII, para una justificación epistemológica de las revoluciones científicas a través de la explicitación de los juicios que utiliza la ciencia para producir conocimiento y posibilitar su avance, esto es, los juicios analíticos y los sintéticos a priori y a posteriori. 

Siguiendo el texto de Von Wright, la tradición “galileana mecanicista causalita positivista” toma su nombre de Galileo, uno de los fundadores de la ciencia moderna como ya vimos, con las nociones de observación y experimentación, pudiendo ubicarla en la categoría de la explicación más que de la comprensión. Las categorías de compresión y explicación fueron desarrolladas por el filósofo e historiador Droysen afirmando que el objetivo de las ciencias naturales consiste en explicar los fenómenos mientras que la historia, como ciencia del espíritu, tiene la finalidad de comprender los fenómenos que ocurren en su ámbito, es decir en un espacio y tiempo determinado. 

Para Galileo la realidad está escrita con caracteres matemáticos, de esta forma, si ordenamos dicha realidad bajo la razón matemática, reduciendo su complejidad propia a la cantidad, será más fácil comprenderla y por consiguiente dominarla. Decimos que es “mecanicista” por su manera de comprender el mundo como un conjunto de engranajes dispuestos ordenadamente como en una máquina de relojería. Así lo que le interesa a esta tradición es el funcionamiento de la realidad, de la naturaleza y también de la sociedad independientemente de las controversias que suscite con la autoridad instituida del momento. 

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Bibliografía

BOIDO, Guillermo, (1996) Noticias del planeta tierra. Galileo Galilei y la revolución científica. Bs. As.: A-Z. 
GIANELLA, Alicia, (2004) Introducción a la epistemología y filosofía de la ciencia. La Plata: EDULP. 
JUAREZ, Marina, (2013) “El desarrollo contemporáneo de la razón científica. Un aguijón para la cultura humanística” en: PERREN, Lila ed. Memoria, razón, locura. Córdoba: EDUCC. 
KOYRÉ, Alexandre, (2000) Estudios de historia del pensamiento científico. México: Siglo XXI.
VON WRIGHT, Georg, (1979) Explicación y comprensión. Madrid: Alianza. 


1 comentarios:

Anónimo dijo...

Frases de Galileo Galilei
¿Quién se atreverá a poner límites al ingenio de los hombres?
La ignorancia es la madre de la maldad y de todos los demás vicios.
La mayor sabiduría que existe es conocerse a uno mismo.
"Mide lo que se pueda medir; y lo que no, hazlo medible."

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