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martes, 21 de septiembre de 2010

Baruch Spinoza, heredero del cartesianismo (1632-1677)

Nacido en Amsterdan en 1632, procedía de una familia judía procedente de España. De corte racionalista se impregnó de lo último de la filosofía y de la ciencia de su época. Leyó a grandes como Descartes, Hobbes, Bruno, entre otros. De entre sus obras más importantes podemos nombrar: Tratado Teológico-político y Ética demostrada según el orden geométrico. Heredero de Descartes por su planteo y por su intento de dar respuesta al problema de la incomunicabilidad de las sustancias (pensamiento y extensión).

Para este filosofo existe un primer principio, la sustancia única, infinita, primera realidad, en otras palabras Dios, siendo todo lo demás sustancias en el sentido derivativo del término. La inteligencia humana conoce solo dos atributos de la sustancia infinita, a saber, pensamiento y extensión, o res cogitans y res extensa como lo denominó Descartes, a pesar de que estos atributos se manifiestan en infinidad de modos. La unidad del pensamiento y la extensión en las cosas particulares se encontrarán en su origen, es decir en Dios, la sustancia única de la cual derivan todas las demás.

Dios deberá manifestarse en todos los modos posibles de manifestación, en infinidad de cuerpos e ideas. Las ideas pueden ser de los cuerpos, y si son seres vivos, estas ideas son sus almas. Todos estos modos posibles de manifestación son emanación necesaria de la esencia divina, con lo cual Spinoza entiende la creación como algo necesario, como emanación o derivación. Dios necesitará crearse, producirse en todas las manifestaciones modales posibles porque su esencia es existir. De esta forma se puede percibir cierto panteísmo en su pensamiento. Deus sive natura o la equivalencia entre Dios y la naturaleza.

Según Spinoza Dios es libre, y su libertad es la autonecesidad de su existencia. Solo él es autonecesario y autoexplicatorio. La diferencia entre Dios y lo creado es que Dios es una sustancia absoluta, única e infinita, respecto de los modos...

sábado, 4 de septiembre de 2010

Algo más sobre Hegel y el desarrollo del Espíritu Absoluto

Al parecer toda la filosofía de Hegel trata de esto, a saber, de la manifestación del Espíritu, de la autoconciencia o reflexión. Esto es posible gracias a la dialéctica y a la negatividad que ella implica, por medio del principio de contradicción. Se parte entonces de una afirmación que luego será negada para dar lugar a una nueva afirmación. Esto sería una explicación sencilla ya que, el proceso de desenvolvimiento en el cual el Espíritu se manifiesta y toma conciencia de sí, está marcado por la referencialidad, la diferenciación y la identidad.

Decimos desenvolvimiento porque es como un ovillo de hilo. Sabemos que es un ovillo, que contiene hilo, pero hasta que no lo desenrollemos no vamos a saber cuánto hilo contiene. Por lo tanto, no sabremos cabalmente hasta ese “momento” acerca del ovillo. En el proceso de desarrollo del Espíritu Hegel va a ubicar tres momentos. Un primer momento vacío de contenido; un segundo momento de negación de aquel primer momento; y un tercer momento de conservación y superación de los dos momentos precedentes.

Utilizamos tres palabras anteriormente para hablar de dicho proceso de desenvolvimiento o desarrollo del Espíritu: referencialidad, diferenciación y finalmente, identidad. En un principio era el Espíritu y el Espíritu no se conocía, mas deseaba conocerse. Por lo que, para llevar a cabo tal empresa decidió negarse a sí. He aquí el dilema. ¿Qué significa esta negación? Negarse significa buscar sus propios límites y en el proceso debe diferenciarse, debe quedar en evidencia todo aquello que él mismo, el Espíritu, no es pero que sin embargo es parte de sí en cuanto límite y negación de sí. Es para sí, es lo otro. Es el límite.

De esta manera podemos visualizar el proceso de desenvolvimiento del Espíritu, salvando las limitaciones de la imagen, como un círculo que va encontrando su límite a medida que se va trazando. Dentro del círculo lo que él es, y fuera lo que no es. Más el es todo lo que está adentro y lo que queda afuera porque lo que está adentro es en referencia a lo que queda afuera. La reflexión es circular mas no...

viernes, 3 de septiembre de 2010

Hegel y el "devenir del saber" en la Fenomenología del Espíritu

Comienza Hegel la introducción a la fenomenología del espíritu haciendo una crítica contra aquellos que entendían al conocimiento como un instrumento para apoderarse del absoluto. De fondo la crítica estaba fundamentada en la separación, necesaria por el mismo concepto de instrumento o médium, entre el conocimiento y el saber absoluto. De aquí la incapacidad de hacer ciencia.

Pero la ciencia, por más que no se encuentre en su verdad totalmente desplegada y desarrollada, ya es manifestación del saber absoluto. Como dice aquella frase tan conocida, “en la semilla ya está el árbol”, del mismo modo el saber absoluto ya se encuentra en las primeras manifestaciones de la ciencia. El conocimiento y el absoluto no son dos cosas distintas sino que el absoluto va tomando conciencia de sí mismo, se hace autoconsciente a través de la ciencia que es, en palabras del mismo Hegel: “La verdadera figura en que existe la verdad…”. [HEGEL, G.W.F. Fenomenología del espíritu, FCE. p. 9].

Ahora bien, dijimos que es manifestación, pero no en su plenitud, sino en un comienzo de su desarrollo de su proceso de autoconocimiento. Por tanto es necesario que esta ciencia, este saber aparente o manifestación vacía de saber, se vuelva contra sí misma para liberarse de la ilusión de poseer una verdad que cree que es absoluta y sin embargo es totalmente vacía. Para alcanzar el saber absoluto debe recorrer el camino de la negación, de la duda, de la desesperación. El punto de partida se encuentra en la conciencia natural, es decir, en el saber de la conciencia común, saber que se cree real y verdadero aunque no lo sea, aunque sea solo mera apariencia. De este saber se pasa a la duda, la negación de este primer saber que se creía verdadero y que en un segundo momento se descubre que era solo ilusión. De esta manera aquel saber que se creía era real, pierde su verdad y se obtiene un nuevo saber, una nueva verdad. Este proceso, dialéctico  por cierto, es lo que Hegel ha dado en llamar historia de la formación de la conciencia hacia la ciencia. Es el paso o proceso que realiza la conciencia natural en su desplegarse, pasando por los distintos momentos negativos, hacia el saber absoluto o conciencia científica.

El saber es para la conciencia, esto es evidente. No hay saber sino para la conciencia. Por tanto encontramos dos elementos importantes a tener en cuenta. Por un lado el saber, objeto de la conciencia, por tanto un para sí de la conciencia; y por otro lado el saber de sí misma de la conciencia. En otras palabras, el saber que...
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