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martes, 23 de noviembre de 2010

Hiperconectados e incomunicados.

Tema trillado si los hay en los últimos tiempos. Tratemos de pensar nuevamente sobre esto aportando nuevas perspectivas al asunto. Vivimos en una sociedad ávida de conexión. Gracias a los avances técnicos es posible comunicarnos en tiempo real con cualquier persona o grupo de personas ubicadas en cualquier lugar del mundo ya sea por teléfono, teleconferencia, teléfono móvile o internet. Estamos a un clic de distancia. 

En los últimos años han hecho furor en internet las redes sociales como Facebook o Twitter, y antes, los sistemas de mensajería instantánea tales como Messenger o GTalk. Como nunca antes en la historia de la humanidad el hombre puede entablar “diálogo” con gente que ni conoce, y lo más probable es que nunca conozca personalmente. 

Es posible observar también una suerte de exhibicionismo cibernético. Gran parte de la gente que utiliza estas herramientas de conexión tiende a exponerse, a decir que es lo que siente, que es lo que hace, que es lo que piensa, etc. Y junto con este exhibicionismo cibernético existe necesariamente un voyerismo cibernético, es decir, aquellos que ven y consumen todo lo que los otros escriben sobre su vida “privada”. Es como si el concepto de “privado” se hubiera transformado en "privado de privacidad", aunque por propia elección. 

Ahora bien, ¿Por qué esa necesidad, observable sobre todo en los más jóvenes, de exponerse a la vez que mirar a los demás? Reconozco que la primera respuesta fácil sería simplemente: compartir buenos momentos con los amigos y conocidos. Pero, ¿no será también una forma de buscar reconocimiento? ¿Una pequeña cuota de fama? Y, ¿es esto verdadera comunicación o son simplemente monólogos multimedia?

Cuestión complicada. En resumidas cuentas la pregunta sería: ¿Qué necesidad? O dicho de otra forma, ¿Por qué? No niego la maravilla de los avances científicos, al contrario, los aprovecho. Sin ir más lejos este blog. Pero que la herramienta exista no implica que no pueda pensar porque existe y porque quiero usarla. 

No es casual que haya elegido como título de este post: Hiperconexión e incomunicación. Nunca antes el hombre había estado tan conectado con los demás hombres, o si se prefiere, con toda la humanidad. Los nombres de inter-net y redes sociales están pertinentemente colocados. Pero que estemos conectados no significa necesariamente...

martes, 9 de noviembre de 2010

Gottfried Wilhelm von Leibniz (1646-1716)

Filósofo racionalista alemán nacido en Leipzig el 1 de julio de 1646. Fue hijo de un jurista y profesor de filosofía moral. Se lo conoce además de por su importante lugar en la historia de la filosofía, por haber descubierto el Cálculo infinitesimal y el sistema binario. A su vez fue el inventor de la primera calculadora mecánica capaz de operar las cuatro operaciones aritméticas básicas. Falleció el 14 de noviembre de 1716 en Hannover. 

Siguiendo la línea racionalista moderna va a afirmar que, para que un juicio sea absolutamente cierto, deberá existir una absoluta conformidad de la idea con la cosa. De esta forma, las ideas claras y distintas para este autor serán aquellas que surgen de un juicio de identidad, principio fundamental de la modernidad, a saber, que el sujeto sea igual al predicado (S = P). Este tipo de juicio responderá entonces a una “Razón suficiente”. 

La “Razón suficiente” es aquella razón última que explica lo que la cosa es; es la razón de por qué acontece o es lo que acontece o es. Nada es sin que haya una razón que la haga ser, eliminando así toda contingencia, sumergiendo al sujeto y a la realidad a la mera necesidad. 

Para Leibniz Dios es el creador que conoce todo perfectamente. En otras palabras, todo conocimiento se reduce para Dios a un juicio de necesidad o identidad. En contraposición a este conocimiento perfecto, encontramos el conocimiento del hombre de tipo restringido ya que la ciencia humana no es capaz de reducir todo conocimiento a juicios de identidad sino a juicios contingentes. De allí que para el hombre sea importante, no ya el principio de identidad propio del conocimiento de Dios, sino el principio de Razón suficiente propio de las verdades contingentes más adecuadas a la capacidad del hombre.

Conocer necesariamente es conocer la cosa en su esencia, es decir, todo lo que la cosa es, todo el predicado que está contenido en la cosa. Nada sucede sin razón, sin un por qué, todo sucede necesariamente. La causa de algo es su razón, su inteligibilidad esencial. Por esto la importancia de descubrir la necesidad de lo que acontece para poder conocer más perfectamente. 

Dios es el que todo lo entiende suficientemente (perfecta y necesariamente). La Razón suficiente se halla fuera de las cosas contingentes. Su búsqueda es la pregunta sobre la base fundamental de todo. Detrás de la Razón suficiente se encuentra la razón final que no es otro que Dios. 

Ahora bien, los griegos ya se lo habían preguntado y Leibniz vuelve a repetir la pregunta: ¿Por qué hay algo en vez de nada? Recuperando el Argumento Ontológico de la existencia de Dios este autor dirá que Dios contiene todas las perfecciones que hay en las sustancias derivadas. Dios es perfecto, y por ser perfecto necesariamente debe existir. Una de las consecuencias de esta perfección será la elección que este ser superior ha hecho del mejor mundo posible entre...
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