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miércoles, 29 de junio de 2011

El valor del tiempo y sus distintas experiencias


Aprovechad el tiempo que vuela tan aprisa; el orden os enseñará a ganar tiempo.”
Johann W. Goethe

Considerando las diferencias geográficas, históricas, y culturales entre los distintos pueblos que habitan la tierra, es casi una generalidad el hecho dual de considerar paradojicamente al tiempo como algo acotado a la vez que ilimitado. Quizás tenga también que ver con la edad del sujeto que reflexiona sobre este tema. No es lo mismo la concepción de tiempo que tiene un niño, que un joven, un adulto o un anciano. Las apreciaciones van cambiando, tal vez por dos cuestiones. Primero porque el tiempo naturalmente se va acabando, y lo segundo y más importante, el hombre, a medida que el tiempo “pasa” toma conciencia de que está “pasando”, y coloco entre comillas “pasa” porque el que pasa no es el tiempo por la vida del hombre sino el hombre por el tiempo.

En este tomar conciencia del “paso” del tiempo el hombre se da cuenta de que este no es algo de lo que dispone durante una duración prolongada, casi infinita, sino todo lo contrario. El tiempo es un recurso escaso. Y no solo esto, además no es renovable. Lo que pasó, pasó, lo dicho, dicho está, lo hecho también. Y lo que quedó en el pasado permanece fijado en la historia sin posibilidad alguna de cambio. Ahora bien, esto no implica que el hombre luego, consciente e intencionalmente cambie la interpretación de determinados hechos o simplemente los anule. Pero esa es otra historia.

El niño prácticamente no es completamente consciente del tiempo. Sabe que existe y su vida se encuentra marcada por él, pero no le preocupa al menos a largo plazo. Las preocupaciones del niño en relación al tiempo giran en torno a lo inmediato, como por ejemplo, que comer, que jugar, la prueba o tarea para el colegio, etc. 

El caso del joven es distinto. Comienza a tener una conciencia más profunda del tiempo. Es como si su experiencia del tiempo se acelerara a la vez que empiezan a recaerle sobre sus espaldas decisiones que afectarán su futuro. Al joven le ocurre algo curioso, a saber, le afecta el futuro a la vez que no puede aceptarlo. Quisiera ser libre para tomar todas las decisiones que quiera, pero esto le asusta. Es un niño-adulto que quisiera ser en algunas ocasiones más niño que adulto y en otras más adulto que niño.

El adulto ya tuvo que hacerse cargo de su tiempo y de las decisiones que ha tomado y continúa tomando. Le preocupa el futuro pero, en principio, está más organizado que el joven. Es común entre los adultos el uso de la agenda como una herramienta para aprovechar el tiempo lo mejor posible. Le preocupa la estabilidad o rutina y lo que subyace a ellas, es decir, la seguridad. Empieza a ser consciente...

sábado, 11 de junio de 2011

Karl Marx (1818-1883) Capital y revolución

Pensador alemán nacido el 5 de mayo de 1818 y fallecido en la ciudad de Londres el 14 de marzo de 1883. De origen judío fue obligado a abrazar el protestantismo cuando era joven. Comenzó sus estudios de derecho en la Universidad de Bonn dejándolos más tarde para seguir filosofía en la Universidad de Berlín. Se doctoró en Jena en 1841 con un trabajo sobre la Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y la de Epicuro. Es considerado el padre del marxismo y fundamento del comunismo.

Desde sus comienzos se sintió interesado por las cuestiones sociales de su época. Ya en París, 1844, conoce al que será su amigo, Friedrich Engels, con el que escribirá el Manifiesto del Partido Comunista. Otro de sus escritos más importantes es El Capital. Luego pasa por Bruselas, Colonia, y llega finalmente a Londres. Es en las salas de lectura del Museo Británico que escribe las páginas de El Capital.

Marx sale de la dialéctica hegeliana, de la “caja fuerte teórica” del sistema concebido por Hegel, introduciendo la dialéctica en el mundo real de los hombres. El marxismo no será, entonces, una nueva teoría sino una exigencia e instrumento de transformación del mundo desde sus mismos fundamentos. En otras palabras, praxis como solución a los problemas que la teoría no podía resolver. Su propósito fue, luego de leer a Hegel y a sus discípulos, terminar con el idealismo. “[llegué a] buscar la idea en la realidad misma”.

El ateísmo del que habla el autor no es una consecuencia de su pensamiento sino una premisa. Por lo tanto el hombre debe tomar conciencia que él es la divinidad suprema. Donde el creyente dice Dios, el filósofo dice hombre. La existencia de Dios, dirá Marx,  es una existencia meramente imaginada, según Feuerbach es proyección ilusoria del hombre. De esta forma, la razón es atea, y en contraposición, la sinrazón es creyente. La tierra universal de la razón es la región donde Dios deja de existir.

El marxismo tiene una concepción de naturaleza y de hombre como un ser de necesidades a escala material que encuentra en la naturaleza el elemento de su satisfacción, relacionándose con ella mediante el trabajo. Ahora bien, el egoísmo induce a determinados hombres a adueñarse de la naturaleza y de los instrumentos de trabajo y producción teniendo como consecuencia el “pecado original”, esto es, la propiedad privada. La historia ya no es ascendente sino al contrario, descendente. El hombre no está por hacerse como en Hegel sino que ya está acabado y la historia lo ha ido destruyendo. Para recuperar al hombre en su plenitud habrá que dar vuelta el sistema. El comienzo será entonces la supresión de la propiedad por parte del proletariado.

La crítica marxista tiene por objeto la realidad de la “alienación”. No la conciencia como en Hegel sino el hombre concreto y real oprimido por el sistema capitalista. Alienación significa pérdida real del hombre, limitación. Por consiguiente, no se tratará de superarla sino de suprimirla.

Este pensador enuncia cuatro tipos de alienación, a saber...
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