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viernes, 20 de abril de 2012

¿Por qué la unidad y no la multiplicidad?

Si tuviéramos que ubicar como paradigmas a la unidad y a la multiplicidad en la historia de la filosofía, podríamos hacerlo de la siguiente manera: A la unidad la atribuiríamos necesariamente a las edades históricas de la filosofía antigua, medieval y moderna, mientras que a la multiplicidad debiéramos ubicarla en la edad contemporánea.

A lo largo de las diferentes épocas el ser humano, a grandes rasgos, ha tratado de encontrar la unidad en la multiplicidad, el orden en el caos, que le permita conocer y comprender la realidad para, en última instancia, poder transformarla. ¿Cuál será entonces la razón por la cual los pensadores de las últimas décadas o del último siglo han tratado, o han optado por la multiplicidad? A mi entender, detrás de esta opción se encuentra la comprensión del entramado de poder subyacente a todas estas unificaciones de lo múltiple. Quizás nunca mejor expresado que en la sabiduría popular, a saber, "la unión hace la fuerza". La unidad es poder, y esta unidad que es poder es aplicable a la fuerza, al conocimiento, a la política, a la economía, etc. El todo es más que las partes y esto no es muy bueno para las partes.

La consecuencia previsible del abuso de lo uno por sobre lo múltiple es evidente para los ojos de cualquier contemporáneo. Violencia, abuso de poder, guerra, muerte, destrucción, explotación, esclavitud, desigualdad, injusticia, etc. ¿Y esto por qué? Porque el poder se concentra en unos pocos. Y si fuera posible, lo esperable y deseable por aquellos que detentan el poder sería que este recayera sólo en un par de manos. También, porque la unidad es identidad, y la identidad no acepta nada distinto a ella. El siglo XX ha demostrado el ejercicio casi extremo del poder violento de la unidad en el exterminio de lo diferente. Resultado del desencanto y la suspicacia del hombre en lo concerniente a la ciencia y a las instituciones, los pensadores han virado a favor de la multiplicidad por primera vez en la historia del pensamiento humano.

A continuación transcribo un extracto del libro “Un mundo feliz” (1932) del escritor inglés Aldous Huxley (1894-1963) que me parece dibuja muy bien la cuestión de la multiplicidad, pero desde la contemporaneidad. Cabe agregar a manera introductoria de la cita, que el libro del...

domingo, 1 de abril de 2012

Un ejemplo del drama humano, Dédalo e Ícaro

Se cruzó hace un tiempo en mi camino la historia de Dédalo e Ícaro y me llevó a reflexionar sobre algunas cuestiones, a mí entender, bastante interesantes, relacionadas con la filosofía.

Comencemos primero por decir quiénes fueron Dédalo e Ícaro. Ambos son personajes pertenecientes a la mitología griega como Prometeo y Epimeteo, Hércules, Paris y Helena, etc. Dédalo era un famoso arquitecto e inventor que, según se decía, había aprendido sus artes de la mismísima diosa Atenea. Vale decir que Atenea era la patrona de Atenas, de allí el nombre de esa ciudad que se conserva hasta nuestros días, y era considerada la diosa de la sabiduría, la civilización y la guerra, entre otras atribuciones. Recordemos también algo del mito de Prometeo y Epimeteo que, en un acto de justicia Prometeo le roba el fuego a los dioses, a Hefesto y Atenea, para dárselo a los hombres. Fuego que simboliza la razón y la técnica, en última instancia, la sabiduría y la ciencia.

Volviendo a Dédalo, este era ateniense pero, luego de asesinar a su sobrino Perdix, fue desterrado a Creta. Un detalle importante para no pasar por alto en esta historia fue la causa de este asesinato y posterior destierro. Perdix era tan o más brillante que Dédalo a la hora de inventar y solucionar problemas prácticos. Dédalo, consciente de esto comenzó a sentir envidia por ello y fruto de esa envidia resultó el homicidio de Perdix. Dice la mitología que Perdix fue salvado por Atenea, en virtud de su brillante ingenio, cuando Dédalo lo empujó de lo alto del templo de Atenea en la Acrópolis, convirtiéndolo en un ave, la perdiz. Ya diremos luego porque consideramos importante este detalle. Por ahora sigamos con nuestra historia.

Luego de su destierro a Creta, Dédalo es empleado, en Knosos, por el famoso rey Minos, padre del Minotauro, pero vamos por parte. Minos fue castigado por Poseidón, el dios del mar, por desoír una promesa y por lo tanto desobedecerlo, a que su esposa, Pasífae, se enamorara de un toro y concibiera una bestia mitad animal, mitad hombre, el Minotauro. Entonces Minos encargó a Dédalo la tarea de construir un laberinto que sirviera de prisión para esta bestia. Fue así que Dédalo construyó el famoso laberinto del Minotauro. Laberinto en el que se dejaban cada cierto tiempo vírgenes en sacrificio. Entre esas víctimas está Teseo que, gracias al consejo de Ariadna y su hilo, logra escapar del laberinto dándole antes muerte al Minotauro. Que fácil que es perderse en estas historias, como en un laberinto de relaciones. A lo nuestro nuevamente.

Minos, por temor a que Dédalo revelara la solución para escapar del laberinto, ya que él había sido el que lo había ideado, decidió encarcelarlo junto a su hijo, Ícaro, en el mismísimo laberinto. Decisión no muy acertada por cierto ya que, conociendo cada rincón de dicha prisión, padre e hijo escaparon a la brevedad. Ahora bien, no podían quedarse en tierra ya que si los encontraban los volverían a apresar, y seguramente esta vez no cometerían el mismo error. Tampoco podían abandonar la isla de Creta por mar ya que Minos...
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