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jueves, 16 de agosto de 2012

La resignificación de la política

Podríamos abordar la cuestión, al menos, desde dos perspectivas distintas. Por un lado, desde la resignificación de lo qué es o se entiende por política y, por otro lado, desde las nuevas y no tan nuevas maneras de comprender los objetos de las prácticas políticas. Comencemos por lo que se entiende por política para luego pensar algo sobre sus prácticas.

Aquello que sea la política es susceptible de ser rastreado desde el mismo origen del hombre hasta nuestros días. Desde que el ser humano se agrupó con otros hombres surgió la política. En la Antigüedad se consideró al hombre no sólo como un ser que hacía política sino antes bien como un ser que era esencial y naturalmente político. Pensemos, por ejemplo, en Aristóteles y su concepto de zoon politikon o animal político para definir al hombre. Un hombre que no posee igualdad, observándose distintas clases de hombres entre las cuales podemos nombrar a los hombres libres y a los esclavos, entre otras. El fin u objeto de la política para Aristóteles no será otro que la felicidad, inalcanzable en soledad. En la Edad Media, Santo Tomás de Aquino comprendió al hombre como animal sociale o animal social, una traducción del zoon politikon de Aristóteles, caracterizando al hombre como naturalmente dispuesto a la vida en común con otros hombres, pero creados en igualdad de condiciones por Dios, a diferencia de Aristóteles. El fin de la política para Santo Tomás consistirá en la salvación de los hombres, en la civitas dei o ciudad de Dios como la entendía San Agustín. En última instancia el fin será Dios entendido como soberano Bien.

Hasta este momento de la historia de la humanidad en general, y de la comprensión de la política en particular, es relativamente simple la cuestión, es decir, la fundamentación, explicación y ejercicio de la política. El principio de los griegos era el cosmos, entendido como un todo ordenado, y la política, cuya concreción era la polis, debía ser un reflejo de ese orden cósmico que posibilitara la felicidad de todos los integrantes de dicha forma de agrupación humana. Para los medievales el principio fue Dios, y la política al igual que las demás ciencias se fundamentaron en Él. Dios es comprendido como origen del hombre, el hombre como un ser naturalmente social que debe instaurar el Reino de Dios en la tierra, en vistas a la salvación de todo el género humano, a través del acercamiento al Bien, en otras palabras, a Dios mismo. Otro fue el caso de los intentos de reflexión en torno a la política que precedieron a estas cosmovisiones.

La pregunta que se hicieron los pensadores de la modernidad fue, ¿cómo fundar y fundamentar el poder político en algo distinto de la divinidad y del orden natural? ¿Cuál sería el principio que inauguraría una nueva forma de comprender la política? La respuesta que encontraron fue a primera vista simple aunque compleja en sus consecuencias. La solución fue en el sujeto y más particularmente la razón. La política, la ética, la filosofía, la ciencia, y los demás ámbitos de reflexión humana fueron fundados, a la vez que fundamentados, en la razón humana. El fin de la política dejó de ser la felicidad, la perfección o la salvación del hombre y pasó a ser...
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