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martes, 6 de abril de 2010

Platón y su filosofía (428-347 a.C.)

Nació en Atenas siendo su verdadero nombre Aristocles. Fue discípulo de Sócrates y maestro de Aristóteles. Hacia el 399 a.C., luego de la muerte de Sócrates y de su desilusión de la política ateniense se trasladó a Megara como huésped de Euclides. En el 388 a.C. parte en un viaje por la actual Italia, seguramente para conocer las comunidades pitagóricas de quienes va a tomar muchas de sus ideas. Luego es invitado a Siracusa (actual Sicilia) por el tirano Dionisio I. Finalmente regresará a Atenas y fundará la Academia.

La novedad de Platón con respecto a los filósofos anteriores es su descubrimiento de una realidad suprasensible, el punto fundamental del que dependerán las soluciones a los problemas de la filosofía.

Podemos hablar de dos navegaciones en Platón. Una primera que simbolizaría el recorrido que realizó la filosofía impulsada por la fuerza de la filosofía naturalista, filosofía que había caracterizado a sus predecesores, Y una segunda navegación que haría referencia a la nueva ruta que conduce a la filosofía al descubrimiento de lo suprasensible, es decir, del ser inteligible. Esto último será el aporte más significativo de Platón. Esta segunda navegación puede aplicarse a dos planos de lo real. Al plano fenoménico y visible del mundo sensible, del mundo natural; y al plano metafenoménico e invisible del mundo inteligible el cual solamente es aprehensible por la inteligencia del hombre. De allí que sea puramente inteligible. Luego de esta innovación platónica es posible hablar de los opuestos material e inmaterial, sensible y suprasensible, empírico y metaempírico, físico y suprafísico. Por esto también la naturaleza, el cosmos, deja de ser la totalidad de las cosas que son para pasar a ser las cosas que aparecen. Lo sensible del mundo físico es apariencia y copia del mundo inteligible compuesto por las ideas.

Las ideas (eidos, forma, esencia) son las causas de la naturaleza no física, son realidades inteligibles, son aquello que piensa el pensamiento una vez liberado de lo sensible. Las ideas son la verdad, son el verdadero Ser, el Ser por excelencia, la verdadera realidad. Al conjunto de ideas se lo denomina mundo de las ideas o hiperuranio. Las ideas y el hiperuranio son captados solo por la parte más elevada del alma humana, la inteligencia.

De esta manera es necesario hablar de dos planos del Ser, dos planos de la realidad. El plano del Ser sensible, caracterizado por el perpetuo fluir y cambiar, el mundo de las apariencias y de la opinión; y el plano del Ser inteligible, caracterizado por la inmutabilidad, lo eterno, el mundo de la realidad y la verdad.

Con respecto al no-Ser Platón está de acuerdo con Parménides para quien el no-Ser no existe como absoluta negación del Ser pero cree que...
...hay otro tipo de no-Ser, el no-Ser como diversidad y alteridad, como multiplicidad.

El mundo de las ideas es un sistema organizado y ordenado jerárquicamente en el que las ideas inferiores suponen las superiores hasta la idea principal o más importante que es condición de todas las demás, la idea de Bien. La idea de Bien es en última instancia el fundamento de la realidad y de la verdad, por lo tanto también del conocimiento. La idea de Bien es la productora del Ser y la sustancia y por esto es superior al Ser y a la sustancia. Es la idea suprema, el principio primero, lo Uno, a lo que se le contrapone un segundo principio originario indeterminado e ilimitado, el principio de lo múltiple. Este segundo principio es denominado Díada. El Uno actúa sobre la ilimitada multiplicidad como principio limitante y determinante, como principio formal. Es ésta la manera en la que el Uno, la idea de Bien, es productora del Ser y la sustancia. Como resultado de esto, todas las ideas son una mezcla de ambos principios, lo Uno y lo Múltiple.

En contraposición  al mundo de las ideas, el mundo físico, sujeto al cambio continuo, procede de las ideas que actúan sobre él como principios formales y de un principio material, sensible, ilimitado e indeterminado, de carácter físico. El Demiurgo es el dios hacedor que toma como modelo al mundo de las ideas y genera el cosmos físico, el mundo sensible como copia del mundo de las ideas. Es el artífice que ha hecho la copia sirviéndose del modelo. Ahora bien, el mundo sensible es cosmos, orden perfecto, porque simboliza el triunfo de lo inteligible sobre la necesidad ciega de la materia.

La idea de Bien, al igual que las demás ideas, es divina pero no es dios persona. El Demiurgo posee rasgos de persona puesto que conoce y quiere, pero es inferior al mundo de las ideas ya que no solo no lo crea sino que su existencia depende de él.

En lo concerniente a la gnoseología Platón propone la anamnesis como vía de conocimiento. La anamnesis es una forma de recuerdo que consiste en recordar algo que existe desde siempre en el interior del alma. Desde un punto de vista mítico el alma, al ser inmortal y al haber renacido al menos una vez, ya ha contemplado y conocido todas las ideas en el mundo inteligible. Desde un punto de vista dialéctico propone el uso del método mayéutico utilizado por su maestro Sócrates. El fundamento de esta postura gnoseológica se encuentra en su cosmovisión dual de la realidad y en su afirmación de que lo verdaderamente real y verdadero se encuentra en el mundo de las ideas y no el mundo sensible.

Para Platón los sentidos solo le dan al hombre conocimientos imperfectos que le ayudan a recordar los conocimientos más perfectos que se hallan adormecidos en el interior de su alma. Conocimiento adquirido mientras el alma, antes de encarnarse en un cuerpo, vagaba por el hiperuranio contemplando las ideas.  El conocimiento intermedio entre la ciencia, el conocimiento de la verdad, y la ignorancia, será la opinión. Mientras que la ciencia se fundamenta en la pura intelección de las ideas, la opinión parte de la mera imaginación y la creencia. Para Platón solo el filósofo accede a la pura intelección.

La dialéctica será para este filósofo el proceso por el cual el intelecto por medio de la  intelección capta las ideas puras y las relaciones entre ellas hasta elevarse y llegar a captar la idea suprema, la idea de Bien

Según Platón el arte vela la verdad, corrompe y deseduca al hombre porque es la imitación de los acontecimientos sensibles. El arte sería la copia de la copia del mundo de las ideas con lo cual su grado de imperfección sería bastante importante. Otro es el caso de la retórica la cual es el arte de persuadir y convencer a todos de todo sin tener ningún conocimiento verdadero. La retórica solo es aceptada por Platón en la medida en que se someta a la verdad y a la filosofía y no como la utilizan los sofistas.

Así como Platón tiene una visión dual de la realidad, de la misma manera va a poseer una concepción dual del hombre. El hombre según este pensador es un compuesto de cuerpo y alma, siendo el cuerpo su parte sensible, y el alma su parte suprasensible, eterna e inmutable. El cuerpo es el receptáculo del alma a quien le debe la vida y sus capacidades. Es un instrumento al servicio del alma. Finalmente es la cárcel del alma.

Si lo más perfecto es la idea, el alma, Platón tendrá una concepción negativa del cuerpo. El cuerpo será entonces la raíz de todo mal por lo cual el alma buscará huir del cuerpo por medio de la virtud y el conocimiento. Esto será posible cuando el alma, trascendiendo lo sensible se posesione del mundo inteligible uniéndose a él como a algo que le es similar y connatural. Para Platón las dos vías para alcanzar esto son por medio de la razón y por medio de la moral. Ambas, el proceso de conocimiento racional y el proceso de conversión moral son lo mismo y se complementan uno a otro. Conociendo es como el alma se cuida, se purifica, se convierte y se eleva.

Con respecto al arte de la política Platón dirá que es la práctica de cuidar del alma y convertirla en lo más virtuosa posible. La verdadera filosofía coincidirá por lo tanto con la verdadera política y el Estado, auténticamente fundamentado sobre el valor supremo de la justicia y el orden, debe estar gobernado por el filósofo político, el conocedor de la verdad y el bien. El Estado no es más que la ampliación del alma del hombre. Nace porque los hombres no son autárquicos, es decir, autosuficientes. Los hombres necesitan de la ayuda de los otros hombres. El Estado platónico tiene la necesidad de tres estamentos: el de los campesinos, artesanos y comerciantes; el de los guardianes; y el de los gobernantes. En cada uno de estos estamentos o clases predomina una virtud. En el primero la templanza, en el segundo la fortaleza, y en el tercero la sabiduría. Ahora bien, la justicia, entendida según la naturaleza de cada miembro, es decir, que cada uno haga lo que le corresponde hacer, es la que instaura la armonía entre los distintos estamentos. Para que esto se concrete y el Estado funcione debe promover una educación perfecta. De allí la preocupación de los antiguos griegos por la educación.

La ley es el modo que utiliza el perfecto hombre de Estado para realizar, y ayudar a realizar a los demás hombres, el Bien contemplado en la ciudad. En lo concerniente a las formas de gobierno Platón va a aconsejar dos nociones básicas, la de constitución mixta y la de igualdad proporcional. Un exceso de poder puede producir un absolutismo tiránico mientras que una libertad excesiva puede provocar demagogia.

(Continuación: Aristóteles, el gran filósofo de la antigüedad (384-322 a.C.))

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