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martes, 12 de febrero de 2013

Levinas, la ética como filosofía primera

Levinas nace en Lituania, más precisamente en la ciudad de Kaunaus, en el año 1905. (Ferrater Mora, 2004: 2124) Su pensamiento fue marcado por grandes filósofos como E. Husserl  y M. Heidegger. Según Pintor Ramos, Levinas se podría enmarcar en la generación de filósofos franceses influidos por lo que se ha dado en llamar la generación de las tres “H”, a saber, Hegel, Husserl y Heidegger. (Pintor Ramos, 1995: 22) Estas podríamos decir que son sus influencias filosóficas, pero podemos encontrar también influencias no filosóficas como las de su maestro talmúdico Monsieur Chouchani. (Critchley, 2004: 11) Esto nos posibilita plantear la doble faceta del pensamiento de este filósofo. Por un lado, su postura enmarcada dentro de una tradición de pensamiento occidental, griego, y por otro lado su afán por destruir este pensamiento y de conjugarlo con una tradición más bien oriental, judía.     

El centro del pensamiento levinasiano podríamos ubicarlo en la ética. Esta es, según el autor en cuestión, la filosofía primera, con lo cual se la podría identificar con la metafísica. La ética es la relación de responsabilidad infinita hacia los demás. Y cada palabra de esta definición tiene su porqué. En primer lugar hablamos de “relación”, por lo tanto, no de un sujeto aislado sino de un sujeto con otros, un sujeto que interactúa con otros sujetos. En segundo lugar, encontramos la palabra “responsabilidad”, y es aquí donde Levinas nos habla del otro que nos interpela, que nos hace responsables de su situación, que nos conmueve, que nos supera totalmente. Porque es otro, un infinitamente otro y no un no yo o un simple reflejo de nuestra subjetividad. Finalmente vemos la palabra “demás”, haciendo referencia nuevamente a los otros, hacia los cuales va dirigido este movimiento, no de conocimiento, no de comprensión, sino de aceptación del otro totalmente otro.

El método que utiliza Levinas es el heredado de Husserl, es decir, el fenomenológico. Consiste en el análisis intencional en la búsqueda de lo concreto, es el volver a las cosas y pasar del conocimiento ingenuo al científico, de lo empírico a lo a priori. (Critchley, 2004: 13) Pero el otro no es ni debe ser considerado como un fenómeno, sino como un enigma “…algo en definitiva refractario a la intencionalidad y opaco al entendimiento”. (Critchley, 2004: 14)
                           
En esto encontramos una de las profundas diferencias que mantiene con Heidegger. Esta consiste en que el filósofo alemán reducía la relación con el otro a una mera comprensión. Ahora bien, Levinas habla de la relación cara a cara, de un uno frente a otro. La crítica de Levinas a Heidegger gira, fundamentalmente, en torno al proyecto de la ontología heideggeriana. La ontología se fundamenta en el vínculo existencial de...
...los seres humanos en el mundo, es decir que la pregunta por el Ser surge en el ámbito del ser humano o Dasein que se pregunta por el Ser. He aquí la preocupación de Heidegger y la ubicación del “otro” dentro de su filosofía. El hombre, el Dasein, es el lugar donde el Ser es cuestionado, donde el Ser es dicho. Aquí radica la importancia del otro, en su carácter de paso previo a la pregunta por el Ser. El centro de la cuestión está en el planteo ontológico y no en el planteo ético. Para Levinas la metafísica (ética), es decir “la relación con el ente que se lleva a cabo como ética, precede a la comprensión del ser y sobrevive a la ontología”. (Critchley, 2004: 17) En una palabra, la ontología es ética, y para llegar a la ontología es necesario y se da por supuesto una relación ética con el otro.

El concepto clave de la obra levinasiana es la palabra francesa autrui (otro), que designa al otro, pero no a cualquier otro,  sino a la otra persona, al otro que es ser humano y no cosa susceptible de ser conocida, comprendida y aprehendida. Lo otro entendido como cosa es autre (otro). La ética se fundamenta en el autrui y no en el autre, y no es reducible a una epistemología, la relación con el otro no es una relación de conocimiento. Esta relación que es irreducible a la comprensión es lo que Levinas llama “relación original” la cual se da en el cara a cara con el otro. Mas no es una relación perceptiva, visual, sino que es una relación lingüística. Esta relación con el otro se da en una situación concreta de lenguaje. Lo ético es relación, relación de un uno con otro, y la relación es lenguaje.   

Cuando Levinas habla de la totalidad y la infinitud en las relaciones con el otro, esta hablando de aquello que se abre cuando se da la relación. El otro no es un igual, sino que es otro, otro que es “totalmente” e “infinitamente” incomprensible, inabarcable, inaprensible, un otro totalmente e infinitamente otro, un enigma. El otro no es lo mismo, justamente es lo otro y lo mismo se ve cuestionado por este otro que no se deja reducir a lo mismo, que no se deja conocer y que escapa del poder cognitivo del sujeto.  

El olvido de la filosofía occidental ha sido, para Levinas, no el olvido de la pregunta por el Ser, sino el olvido del otro. Toda la tradición, desde Parménides hasta Heidegger, ha reducido lo otro a lo mismo, ha suprimido toda forma de alteridad reduciéndola y transformándola en comprensión de lo mismo. La razón de esto descansa en el yo conocedor de la filosofía occidental. Podríamos decir, en la res cogitans  de Descartes o en la razón pura de Kant entre otras. El cuestionamiento para Levinas sería, en realidad, la pregunta por la justificación del Ser. El sujeto ético levinasiano no es un sujeto cognoscente sino más bien un sujeto sensible.

El sujeto ético es un sujeto de carne y hueso, capaz de sentir el hambre, el frío, etc. y solo un ser semejante puede saber lo que esto significa. El sujeto es el yo y emerge al llamado del otro. La ética es un asunto totalmente personal, y no universalizable e hipotético. La ética es la relación de un sujeto con otro sujeto, de un yo con otro yo.

Pero aquí no acaba todo, la filosofía no ontológica opone resistencia a esta reducción de lo otro a  lo mismo, y esta resistencia es justamente la ética, aunque se siga expresando en el lenguaje de la ontología. Para evitar este problema del lenguaje Levinas recurre a la distinción entre el decir y lo dicho (le dire et le dit). El decir es ético, lo dicho es ontológico. El decir es el acto de exponerse  corpórea y sensiblemente a otro, es la posición de un yo que se afirma, propone y expresa frente a otro. Escapa a toda comprensión y rige el movimiento de lo mismo a lo otro. Por otro lado, lo dicho es una declaración, una afirmación susceptible de demostración, y sujeta a verdad o falsedad. La filosofía entendida como ontológica habla el lenguaje de lo dicho mientras que la filosofía entendida como ética habla el lenguaje del decir. Pero el decir es el residuo de lo ético, es no tematizable y escapa a toda comprensión.

Ahora bien, así como la filosofía entendida como ontología, como lo dicho, reducía lo otro a lo mismo, así también la política entendida como lo dicho dio pie a los regímenes totalitarios que llevaron a la humanidad a las guerras mundiales, especialmente a la Segunda. La totalidad, lo mismo, reduce lo ético a lo político, por tanto aquí se puede entrever una crítica de Levinas a la política. Para este, el Estado debería apoyarse en una responsabilidad irreductible del cara a cara, de la relación intersubjetiva de un uno con otro.

Cuando hablábamos al comienzo de este trabajo de las influencias filosóficas y no filosóficas en el pensamiento de Levinas, hablábamos de la tradición griega y de la tradición bíblica. Levinas acusa a la filosofía de corte griego de ser culpable de la crisis ética en la que se sumerge Europa. Es por esto que propone sumar a esta tradición el aporte bíblico “…que tendría sus cimientos en el reconocimiento de la paz como responsabilidad para con el otro”. (Critchley, 2004: 37)


Bibliografía

FERRATER MORA, J. (2004) Diccionario de filosofía, Barcelona: Ariel.
PINTOR RAMOS, A. (1995) “Introducción a la edición castellana”, en LEVINAS, E. (1995) De otro modo que ser, o más allá de la esencia, Salamanca: Sígueme.
CRITCHLEY, S. (2004) “Introducción a Levinas”, en LEVINAS, E. (2004) Difícil libertad, Bs. As.: Lilmod.


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